DMA’S comparte «My baby’s place»
El trío de Sídney celebra una década de trayectoria con un sencillo que apuesta por la vulnerabilidad y el sonido DIY
El trío australiano está de fiesta.
DMA’S ha vuelto a casa, tanto física como sonoramente, para inaugurar una etapa que se siente como un reencuentro necesario. Tras una década de trayectoria que los llevó de los dormitorios de Newtown a los escenarios principales de festivales como Glastonbury y Coachella, el trío australiano presenta su nuevo sencillo bajo una premisa clara: para avanzar, a veces hay que mirar por el espejo retrovisor. My baby’s place no es solo una canción nueva; es el manifiesto de una banda que ha aprendido a filtrar la sofisticación electrónica de sus últimos trabajos a través del tamiz emocional y directo de sus orígenes.
El equilibrio entre la gratitud y la carencia
La construcción de esta pieza no fue un proceso inmediato, sino una cocción lenta que permitió a Matt Mason, Johnny Took y Tommy O’Dell reflexionar sobre su propio crecimiento. Según Mason, los versos nacieron de un vaivén constante entre sentimientos de gratitud y destitución, una dualidad que resuena en la vulnerabilidad característica de la agrupación. Fue recién el año pasado cuando el rompecabezas terminó de armarse, coincidiendo con el cierre de varios capítulos personales y profesionales de los integrantes. Esa sensación de finalización es la que otorga a la pista su peso emocional, logrando que se perciba como un clásico instantáneo dentro de su catálogo.
La autonomía creativa desde el estudio en Glebe
Una de las decisiones más significativas en esta entrega ha sido la apuesta por la autoproducción. Al encerrarse en su propio estudio en Glebe, Sídney, el grupo recuperó esa energía DIY (hazlo tú mismo) que definió su debut sísmico de 2016. Al prescindir de productores externos de gran renombre —quienes ayudaron a dar forma a sus álbumes anteriores—, los músicos han logrado un sonido más crudo e íntimo. Esta autonomía no es un retroceso técnico, sino una reafirmación de su identidad. Es el sonido de tres amigos que, tras haber conquistado las listas de éxitos en el Reino Unido y Australia, ya no necesitan demostrarle nada a nadie más que a sí mismos.
Un puente hacia el pasado y el futuro
El lanzamiento coincide con un hito temporal importante: el décimo aniversario de Hills End, el álbum que cambió las reglas del juego para la escena alternativa australiana. Aquel disco no solo los posicionó como herederos del britpop con un giro oceánico, sino que cimentó una conexión inquebrantable con una base de fans que hoy agota las entradas para su show conmemorativo en el Metro Theatre de Sídney. My baby’s place funciona como el enlace perfecto entre esos himnos de estadio de 2016 y la madurez compositiva que han alcanzado en 2026. Es la prueba de que se puede evolucionar sin perder esa capacidad innata para crear melodías que se quedan grabadas al primer contacto.
El peso de una trayectoria de medio billón
Con más de 500 millones de reproducciones en plataformas y una colección de sencillos de platino, el trío ha dejado de ser una promesa para convertirse en una institución de la música independiente. Desde su versión viral de Believe hasta el éxito de su álbum previo How Many Dreams?, el grupo ha mantenido una coherencia envidiable. Esta nueva música sugiere que, aunque sigan explorando texturas, el corazón de sus composiciones siempre estará en la honestidad lírica y en esas guitarras que parecen elevarse por encima de la melancolía. La banda de Sídney no está simplemente lanzando un tema; están reclamando su espacio en el presente con la sabiduría que solo dan diez años de carretera.
Periodista musical, con más de 20 años de experiencia. Amante y curioso de la música. También hago media PR y creo playlist para marcas. Music makes the place.