Lee “Scratch” Perry y Mouse on Mars liberan la odisea espacial «Rockcurry»

El ícono del dub dejó en Berlín un álbum que mezcla poesía dadaísta con electrónica de vanguardia

Lee Scratch Perry Mouse on Mars

De izquierda a derecha: Jan St. Werner, Lee "Scratch" Perry y Andi Toma. Crédito: Constantin Carstens.

Lee “Scratch” Perry aterrizó en el Paraverse Studio de Berlín en diciembre de 2019, no como una reliquia del pasado, sino como un cosmonauta buscando nuevas frecuencias. Mientras el mundo se llenaba de lanzamientos póstumos apresurados tras su partida en 2021, el verdadero testamento final de su curiosidad intelectual se cocinaba en el laboratorio de Mouse on Mars. Jan St. Werner y Andi Toma, arquitectos del error digital y la rítmica motorik, abrieron las puertas a un hombre que, más que grabar un disco, llegó a intervenir el espacio físico con plumas, marcadores y talismanes. El resultado de este choque de placas tectónicas es Spatial, No Problem., un álbum que llegará el próximo 05 de junio a través de Domino Records para redefinir lo que entendemos por colaboración transatlántica.

Un laboratorio alemán con sabor a Jamaica

La conexión entre el genio del dub y los pioneros de la electrónica alemana parece, a primera vista, un enigma de la física. Sin embargo, la lógica de Perry siempre fue superior a la linealidad del tiempo. Atraído por rumores de una conexión con el sello y por la sombra de colaboraciones previas de Mouse on Mars con figuras como Mark E. Smith, el jamaicano decidió que su siguiente «escuela» sería Berlín. En el estudio, la jerarquía se disolvió: Perry se refería a St. Werner y Toma como sus «profesores alemanes», mientras él inyectaba ese «vudú» místico en las máquinas de precisión germánica. No buscaba replicar el reggae de los setenta; buscaba desmantelar el sonido hasta sus átomos.

El primer adelanto, titulado Rockcurry, funciona como el manifiesto de esta unión. Es una pieza donde la improvisación libre convive con los glitches y la poesía dadaísta característica del Upsetter. En este corte, el peso del legado de Black Ark se siente no en el ritmo, sino en la atmósfera cargada de humo y misticismo que Perry lograba invocar con un simple susurro o una tos rítmica. La producción de Mouse on Mars respeta esa esencia, envolviendo la voz de Perry en una red de texturas electrónicas que se sienten orgánicas y ancestrales al mismo tiempo.

El arte de la ocupación sonora

Durante las sesiones, el estudio se transformó en una extensión de la mente de Perry. No hubo grandes discusiones técnicas ni planes de negocio; hubo sopa de pescado, papayas y una cantidad infinita de risas. Perry rayó las paredes con consignas esotéricas y transformó el equipo de audio en un altar. Para Mouse on Mars, conocidos por su versatilidad y colaboraciones con actos como Stereolab o Tortoise, este encuentro representó un desafío de escucha activa. Capturaron cada murmullo, cada respiración y cada momento de genialidad espontánea, tratando de descifrar si estaban ante The Super Ape o ante Rainford Hugh Perry, el hombre detrás del mito.

Casi no hablábamos sobre lo que estábamos haciendo. Nos encontramos y comenzamos. Él se reía mucho y nosotros nos reíamos con él. También cocinábamos y comíamos sopa de pescado y papayas.- Jan St. Werner.

La respuesta de Perry cuando se le preguntó sobre las posibilidades del audio espacial y la difusión multicanal fue tan lacónica como reveladora: Spatial, No Problem. Esa frase no solo bautizó el proyecto, sino que encapsuló su filosofía de vida: el sonido no tiene fronteras, ni físicas ni espirituales. Es un collage de géneros donde el afrofuturismo se encuentra con la vanguardia europea para crear un lenguaje que todavía estamos tratando de aprender.

Un legado que respira en el Barbican

El impacto de este álbum trasciende los auriculares. Coincidiendo con el lanzamiento, el centro Barbican en Londres presentará una instalación inmersiva dentro de la exposición Project A Black Planet. Del 5 al 13 de junio, el espacio conocido como The Pit se convertirá en un entorno de audio espacial diseñado para que los oyentes experimenten el disco tal como Perry lo imaginó: como una entidad viva que rodea la conciencia. Es un recordatorio de que la música de Perry siempre fue una herramienta de resistencia cultural y una expresión de la diáspora africana, incluso cuando se manifestaba a través de circuitos integrados y software berlinés.