Kerala Dust abraza el techno más oscuro en «WHITE NOISE»
La banda británica estreno primero la canción durante su paso por las sesiones de KEXP
Kerala Dust parece haber encontrado el punto exacto donde el desierto se encuentra con el sótano de un club berlinés. Tras el lanzamiento de An Echo Of Love el año pasado —elegido el año pasado en SD como uno de Los 50 Mejores Álbumes de 2025—, la banda británica liderada por Edmund Kenny ha perfeccionado un lenguaje sonoro que se siente tan orgánico como sintético. Su propuesta, que habitualmente se mueve entre la cadencia del blues psicodélico y el pulso implacable de la electrónica, toma un giro radical en su más reciente entrega. En esta ocasión, el grupo deja de lado las sutilezas de las seis cuerdas para abrazar la oscuridad total de la pista de baile, entregando una pieza que se siente como un asalto sensorial directo.
El rugido de la estática en la pista
La nueva entrega, titulada WHITE NOISE, no es precisamente una novedad para quienes han seguido a la formación en sus recientes giras europeas. El tema se ha convertido en el arma secreta de sus presentaciones en vivo, funcionando generalmente como el clímax final o el cierre definitivo de sus sets. Sin embargo, su llegada oficial a las plataformas digitales permite diseccionar con calma la arquitectura de un sonido que prescinde de los adornos instrumentales para centrarse en la energía pura. Es una composición que respira urgencia, diseñada para ser consumida en espacios cerrados, con poca luz y sistemas de sonido de alta fidelidad.
El bautismo de fuego en las sesiones de KEXP
Este viraje hacia el minimalismo industrial quedó inmortalizado recientemente en las célebres sesiones grabadas para la radio KEXP en Seattle. Aunque el episodio fue registrado en el frío noviembre de 2025, su estreno a principios de 2026 sirvió como el escaparate perfecto para presentar WHITE NOISE ante una audiencia global ávida de texturas nuevas. Ver a la banda en ese entorno íntimo permitió apreciar la precisión casi quirúrgica con la que construyen sus capas de sonido: mientras Edmund Kenny mantiene esa calma imperturbable frente al micrófono, el resto del conjunto se encarga de tejer una red de frecuencias que crecen hasta envolver el estudio. Fue ahí donde muchos comprendieron que este nuevo track no es solo una canción de club, sino una pieza de ingeniería sonora que funciona igual de bien bajo los focos de una cabina que en la transparencia de una sesión en directo.
Referencias visuales y texturas industriales
Al escuchar los primeros compases de este corte, es inevitable establecer paralelismos cinematográficos. Existe una atmósfera febril que remite inmediatamente a la estética industrial de finales de los noventa. Si bien la banda suele coquetear con el rock, aquí la estructura es puramente techno, evocando esa intensidad hipnótica que uno asociaría con escenas icónicas de la cultura rave en el cine. Es una pieza de techno pesado, densa y cargada de una tensión que nunca termina de romperse, sino que se transforma en un bucle infinito de adrenalina. La voz de Kenny, habitualmente «cool» y contenida, se convierte aquí en una herramienta más de la textura, integrándose en la marea de ruido blanco.
La ausencia de la guitarra como declaración
Lo más interesante de esta etapa es la decisión consciente de abandonar, aunque sea temporalmente, los elementos de blues que definieron temas anteriores como Bell. En WHITE NOISE, el enfoque es minimalista pero expansivo. No hay espacio para los solos de guitarra ni para las estructuras tradicionales de verso-coro. La banda apuesta por una progresión lineal que se apoya en una base rítmica demoledora, demostrando que su identidad no depende de un género específico, sino de una capacidad innata para generar atmósferas envolventes. Es un ejercicio de estilo que confirma su versatilidad: pueden ser una banda de rock alternativo por la tarde y un colectivo de productores de techno por la madrugada.
Un cierre que se siente como un comienzo
El impacto de esta canción en el catálogo de los británicos sugiere una evolución hacia territorios más crudos. Si su misión era encapsular la euforia colectiva que se genera en sus conciertos, el resultado es impecable. WHITE NOISE no busca inventar el hilo negro de la música electrónica, pero sí logra inyectar una personalidad única a un género que a veces peca de genérico. Kerala Dust ha conseguido que el ruido no sea algo molesto, sino una experiencia catártica que invita al movimiento involuntario. Es, sin duda, la banda sonora ideal para quienes prefieren que la noche no termine nunca.
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Periodista musical, con más de 20 años de experiencia. Amante y curioso de la música. También hago media PR y creo playlist para marcas. Music makes the place.

