Bruce Springsteen protesta con «Streets of Minneapolis»
The Boss retoma su faceta de cronista social tras los fatídicos eventos protagonizados por agentes del ICE
The Boss honra a Alex Pretti y Renee Good.
Bruce Springsteen no es ajeno a convertir el dolor colectivo en un testimonio rítmico, y su más reciente lanzamiento, Streets of Minneapolis, es la prueba de que su instinto como cronista social sigue intacto. Publicada apenas unas horas después de su grabación, la canción surge como una respuesta visceral y urgente a lo que el propio músico ha calificado como un «estado de terror» en la ciudad de Minnesota. No se trata de un ejercicio de nostalgia rockera, sino de un boletín de última hora transformado en música de resistencia.
El tema comienza con una sobriedad acústica que recuerda a sus trabajos más introspectivos, pero rápidamente estalla en un arreglo de banda completa. Es aquí donde el E Street Choir eleva el mensaje, convirtiendo lo que podría ser un lamento individual en un canto colectivo. El estribillo, que clama por la salida del ICE de Minneapolis, deja poco espacio para la interpretación metafórica: es una demanda directa y política en medio de un invierno de 2026 que parece haber congelado la empatía institucional.
Una elegía para Pretti y Good
El corazón de la composición reside en la memoria de Alex Pretti y Renee Good. Springsteen utiliza la narrativa lírica para confrontar las versiones oficiales emitidas por el Departamento de Seguridad Nacional. Mientras las autoridades, encabezadas por Kristi Noem, han intentado tildar los incidentes como actos de «terrorismo doméstico», Springsteen utiliza su letra para describir «huellas sangrientas donde debería haber misericordia».
La canción funciona como un contra-relato frente a la narrativa gubernamental. Al mencionar específicamente que los videos de los testigos contradicen los informes oficiales, Bruce asume el rol de un periodista musical que no solo analiza armonías, sino que fiscaliza la realidad. «Es nuestra sangre y nuestros huesos contra las mentiras», canta con una voz rasposa que transmite una indignación que se siente genuina, alejada de los oportunismos mediáticos.
El eco de Filadelfia en el invierno de 2026
Es inevitable trazar un paralelismo entre este estreno y su icónica Streets of Philadelphia. Si en los años 90 Springsteen le puso rostro a la crisis del VIH y a la soledad del abandono estatal, en Streets of Minneapolis el enemigo es un despliegue federal que describe como el «ejército privado» de la administración. La estructura de la canción refleja este conflicto: el paso de la calma acústica al caos del rock and roll simboliza la transición de una ciudad pacífica a una zona ocupada por «botas de ocupantes».
La producción es cruda, casi apresurada, lo cual juega a su favor. En la era de los lanzamientos planificados con meses de antelación, Springsteen ha optado por la inmediatez del punk o del folk de protesta más puro. La urgencia de grabar un domingo para publicar un miércoles subraya la gravedad de la situación en Minneapolis. Es un recordatorio de que la música alternativa y el rock de raíces todavía tienen la capacidad de actuar como un sistema de alerta temprana.
Un posicionamiento político sin concesiones
Springsteen no ha escatimado en nombres propios. Al señalar directamente a figuras como Stephen Miller y Kristi Noem, el músico abandona cualquier pretensión de neutralidad. Este sencillo se suma a sus recientes declaraciones en el festival Light of Day, donde ya había manifestado su apoyo al alcalde Jacob Frey en su rechazo a las operaciones federales en la ciudad.
Streets of Minneapolis cierra con una promesa de memoria. En los versos finales, Bruce asegura que se recordarán los nombres de quienes cayeron en la nieve este invierno. Más allá de la calidad técnica del tema —que mantiene el vigor estándar de la E Street Band—, su valor real reside en su función como documento histórico. En un panorama musical a menudo anestesiado, escuchar a una figura de su calibre denunciar el uso de la fuerza contra «vecinos inmigrantes inocentes» resulta, cuando menos, un acto de honestidad brutal que sacude el tablero cultural de este 2026.

Periodista musical, con más de 20 años de experiencia. Amante y curioso de la música. También hago media PR y creo playlist para marcas. Music makes the place.