Adiós al arquitecto del ruido: Matt Kwasniewski-Kelvin

El músico de 26 años dejó una huella de disonancia y honestidad brutal

MattKwasniewski-Kelvin

En 2021, el músico se alejó de la banda para priorizar su salud mental.

A veces, la importancia de un músico no se mide por cuántos solos ejecuta en el centro del escenario, sino por la fricción que genera en la maquinaria de una banda. Matt Kwasniewski-Kelvin, cofundador y guitarrista de black midi, era esa pieza de ingeniería necesaria: un tipo capaz de sostener el caos y, al mismo tiempo, lanzarlo por el precipicio. Su muerte, confirmada recientemente, no solo cierra un capítulo para la música británica, sino que apaga una de las mentes más inquietas que parió la BRIT School en la última década.

Un comunicado de su familia expresó que el músico falleció “tras una larga batalla con su salud mental. Un músico talentoso y un hombre amable y cariñoso finalmente sucumbió, a pesar de todos los esfuerzos”.

“Él siempre será amado. Por favor, tómense un momento para saber cómo están sus seres queridos, para que podamos evitar que esto les siga sucediendo a nuestros hombres jóvenes”.

Al compartir el comunicado en sus redes sociales, Rough Trade, el sello discográfico de black midi, describió a Kwasniewski-Kelvin como «una persona increíblemente talentosa a quien extrañaremos de verdad».

El origen del ruido

Para entender qué perdemos con Matt, hay que volver a 2017. Mientras el resto del mundo seguía intentando descifrar el algoritmo de Spotify, un grupo de adolescentes en el sur de Londres decidía que la estructura de «estrofa-estribillo» era una cárcel. Matt, junto a Geordie Greep, Cameron Picton y Morgan Simpson, formó el núcleo de lo que sería black midi en el legendario pub The Windmill.

No eran una banda de indie convencional. Eran una unidad de asalto matemático. Matt, en la guitarra, aportaba una textura rugosa, casi industrial, que servía de contrapunto a la precisión técnica de Simpson y las excentricidades de Greep. Sin su sensibilidad para el ruido blanco y la distorsión asimétrica, un disco como Schlagenheim (2019) habría sido un ejercicio de virtuosismo estéril. Matt le ponía el «peligro» al asunto; era el encargado de que las canciones no solo se escucharan, sino que dolieran.

El peso de la vanguardia

Ser el motor de una banda que la crítica etiquetó como «la salvación del rock» no es gratis. Kwasniewski-Kelvin siempre fue honesto sobre las dificultades de mantener el ritmo de una industria que devora a sus jóvenes. En 2021, anunció que se tomaba un descanso de la banda para priorizar su salud mental, una pausa que lo mantuvo alejado de las grabaciones de Cavalcade y Hellfire.

Esa ausencia fue notable. Aunque la banda siguió evolucionando hacia un sonido más progresivo y teatral, los fans de la primera hora siempre echaron de menos esa energía errática y cruda que Matt inyectaba en el escenario. Él era el puente entre el conservatorio y el mosh pit. Su estilo no buscaba la perfección académica, buscaba la reacción. Podía pasar de un rasgueo sutil de jazz a un ataque de feedback que hacía retumbar las paredes del recinto, recordándonos que la guitarra eléctrica sigue siendo un arma de expresión impredecible.

Un legado que no necesita etiquetas

La noticia de su fallecimiento llega en un momento donde el rock experimental parece estar buscando una nueva dirección. Matt ya la había encontrado hace años. Su influencia se extiende a todas esas bandas que hoy se atreven a mezclar el math rock con la improvisación libre sin pedir permiso.

No hace falta caer en el cliché de «el artista atormentado». Matt era, ante todo, un trabajador del sonido. Su paso por la música fue breve en años, pero denso en contenido. Nos deja grabaciones que todavía hoy suenan a futuro, interpretaciones en vivo que rozaban lo catártico y la certeza de que, en un mundo de música prefabricada, él siempre eligió el camino de la autenticidad, aunque fuera el más empinado.

La escena de Brixton y los seguidores de la vanguardia global hoy guardan un minuto de silencio, pero lo hacen de la única forma que a él le gustaría: con un acople de guitarra sostenido y la convicción de que el ruido, cuando es honesto, es la forma más pura de belleza.

Descansa en paz, Matt. Gracias por el caos.