A Place To Bury Strangers revela «Where are we now»
El ruidoso trío de Nueva York abre su archivo de ruido más personal. Crédito: Holger Nitschke.
A Place To Bury Strangers ha vuelto a sumergirse en el ruido, pero esta vez lo hace con una mirada inusualmente nostálgica. A través de su nuevo sencillo Where are we now, la agrupación neoyorquina liderada por Oliver Ackermann se aleja por un momento de la abrasión rítmica para explorar el vacío que dejan las conexiones perdidas. La pieza funciona como el tercer adelanto de su próximo álbum, Rare and Deadly, una colección de rarezas que verá la luz el 03 de abril bajo el sello Dedstrange. Lejos de ser un simple recopilatorio de descartes, el tema se siente como un ejercicio de introspección donde las guitarras, aunque presentes, ceden espacio a una lírica que cuestiona el destino de viejas amistades y la vigencia de los sueños compartidos.
Entre la compasión y el muro de sonido
El video que acompaña a este estreno, editado por el propio Ackermann con metraje de los archivos de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, refuerza la carga emocional de la canción. La intención es clara: observar la vida ajena para recuperar la capacidad de asombro y, sobre todo, la compasión. Musicalmente, el proyecto permite rastrear la evolución de una mente inquieta que no se conforma con el estancamiento del post punk tradicional o el shoegaze convencional. Aquí conviven prototipos de lo que después serían himnos de su discografía con «callejones sin salida» sonoros que, por su extrañeza, resultan ser las piezas más fascinantes del conjunto.
Un archivo de caos y accidentes controlados
Lo que define la esencia de este nuevo proyecto es el carácter documental de sus grabaciones. Entre 2015 y 2025, Ackermann mantuvo una especie de diario sonoro compuesto por cintas saturadas, sesiones a medio terminar y experimentos que, en su momento, resultaron demasiado volátiles para los canales oficiales. Rare and Deadly captura ese espacio intermedio donde la melodía intenta sobrevivir a una pared de retroalimentación (feedback). El sonido de la banda se percibe aquí en su estado más primitivo; no hay rastros de una post-producción pulida, sino la crudeza de pedales de efectos llevados al límite del mal funcionamiento y la inmediatez de una idea capturada antes de que el impulso desaparezca.
La fragmentación de la experiencia física
En un mercado musical donde el streaming suele uniformar los lanzamientos, el grupo propone una estrategia de distribución que desafía la lógica del consumo rápido. Cada formato físico de esta entrega —ya sea vinilo, cassette o CD— así como la versión digital, contará con una lista de canciones totalmente distinta. No existe una versión «completa» ni definitiva del álbum; en su lugar, el oyente se enfrenta a un rompecabezas sonoro donde cada soporte ofrece una perspectiva única del archivo de la banda. Es una invitación a entender el disco como un objeto inestable, una obra que muta dependiendo de cómo decidamos escucharla, reflejando así el desorden creativo de su origen.
La belleza de la distorsión inacabada
Este lanzamiento sirve como un recordatorio de que la identidad de APTBS siempre ha habitado en la tensión entre el control y el colapso. Al abrir esta bóveda de diez años, exponen las costuras de su proceso creativo, permitiendo que los errores hermosos y los fragmentos olvidados tomen el centro del escenario. Es una arqueología del ruido que no busca la perfección, sino la verdad de un momento capturado en la oscuridad de un estudio neoyorquino. Con este material, se reafirma que el valor del arte a veces reside en lo que se dejó de lado, en esos riffs mutantes que, años después, finalmente encuentran un lugar donde resonar.
Related Posts

Periodista musical, con más de 20 años de experiencia. Amante y curioso de la música. También hago media PR y creo playlist para marcas. Music makes the place.



