A Place to Bury Strangers disecciona una década de caos
«Everyone’s the same» es el primer vistazo a una colección de demos y B-sides
A Place to Bury Strangers ha operado siempre bajo la premisa de que el volumen no es solo una medida de intensidad, sino un material maleable. La formación neoyorquina, liderada por el incansable Oliver Ackermann junto a John y Sandra Fedowitz, ha anunciado el lanzamiento de Rare and Deadly para el próximo 03 de abril a través del sello Dedstrange. Tras el impacto sónico de su álbum Synthesizer en 2024, esta nueva entrega funciona como una autopsia a corazón abierto de una década de grabaciones perdidas, demos y accidentes controlados capturados entre 2015 y 2025. Lejos de ser un recopilatorio de descartes convencional, el material propone un ejercicio de arqueología industrial que rescata la urgencia de ideas que, en su momento, resultaron demasiado volátiles para el estudio.
La dualidad entre el orden y la psicosis
El primer adelanto, Everyone’s the same, encapsula esta filosofía de coexistencia entre lo sereno y lo perturbador. Construida sobre un pulso motorik que parece no tener fin, la canción se ve atravesada por capas de guitarras que giran sobre sí mismas hasta generar una pared de sonido impenetrable. La voz de Ackermann, en un equilibrio precario entre el desafío y la melancolía, narra una visión onírica sobre la dualidad del ser humano. Es una pieza que se siente como el «hell leaking» (el infierno filtrándose) en la cotidianidad, una metáfora perfecta para una banda que ha hecho del feedback su lenguaje más honesto.
El caos como archivo histórico
La esencia de este lanzamiento reside en el archivo personal de Ackermann, un inventario de cintas saturadas y sesiones nocturnas donde el error es el protagonista. La banda se aleja de la pulcritud del «Greatest Hits» para abrazar la imperfección de los pedales que fallan y los circuitos que se rinden ante la sobrecarga eléctrica. Estas pistas no son solo canciones a medio terminar; son testimonios de una búsqueda estética donde la belleza y el horror convergen sin previo aviso. En el rastro dejado por estos diez años de experimentación, se percibe una evolución que no es lineal, sino circular, volviendo siempre a la raíz del ruido como una forma de purga emocional.
Una experiencia fragmentada por el formato
Lo que realmente separa a este proyecto de cualquier otro compendio de rarezas es su naturaleza deliberadamente inestable. Ackermann ha diseñado una arquitectura de escucha que desafía la era del consumo digital uniforme. Cada formato físico —vinilo, CD y cassette— así como la versión digital, poseen un listado de canciones completamente distinto. No existe una versión definitiva o «completa» de la obra. Es un rompecabezas donde el oyente decide qué parte de la historia quiere conocer, obligando a aceptar que, en el universo de la banda, la verdad es múltiple y depende siempre de la perspectiva (o del soporte) desde el que se mire. Esta fragmentación refleja el caos mismo de su creación: un collage sónico que cambia de forma según el medio.
La evolución del ruido neoyorquino
A lo largo de las pistas de la colección, se pueden identificar los embriones de lo que más tarde serían himnos del shoegaze oscuro, pero también caminos que la banda decidió no transitar. Son callejones sin salida que, sin embargo, ofrecen una visión íntima de la mente de un creador que no teme empujar el equipo técnico más allá de sus límites físicos. El resultado es un sonido que no busca complacer, sino sacudir; una invitación a habitar esos espacios incómodos donde el ruido blanco se convierte en una textura casi táctil. Rare and Deadly no es solo un disco, es la confirmación de que el proyecto sigue siendo una de las entidades más peligrosas y necesarias de la escena alternativa actual.
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Periodista musical, con más de 20 años de experiencia. Amante y curioso de la música. También hago media PR y creo playlist para marcas. Music makes the place.

