Hermanos Gutiérrez se internan en la mística andina con «Los Ojos del Cóndor»

La dupla suizo-ecuatoriana regresa con texturas acústicas y raíces sudamericanas

Hermanos Gutiérrez

La dupla suizo-ecuatoriana planea sobre Los Andes en su nueva producción musical.

Hermanos Gutiérrez acaban de abrir una nueva ventana hacia su universo sonoro con el estreno de Los Ojos del Cóndor, la canción que da título a su próximo álbum de estudio, programado para el 25 de septiembre a través del sello Easy Eye Sound. Este lanzamiento viene acompañado de un videoclip que profundiza en la transición estética de la dupla suizo-ecuatoriana, quienes en esta ocasión deciden apartar la mirada del desierto norteamericano para enfocarla en las texturas, ritmos y paisajes de la cordillera andina. La composición funciona como una hoja de ruta para descifrar el nuevo rumbo de un proyecto que ha sabido consolidar un lenguaje instrumental propio en la escena alternativa global.

Un puente entre la tierra y el cielo

El corte musical se sostiene sobre un ritmo galopante que simula el movimiento constante de un viaje, enriquecido por las líneas fluidas del lap steel y ese diálogo trenzado de guitarras que ya es la marca registrada de los hermanos Estevan y Alejandro Gutiérrez. El enfoque conceptual de la pieza se inspira directamente en el misticismo del cóndor, un ave que dentro de la cosmología indígena de los Andes representa la conexión entre el mundo terrenal y el espiritual. Para la traducción visual de este concepto, el director Robert Schober filmó a los músicos atravesando imponentes parajes montañosos mientras resguardan un misterioso huevo blanco, un elemento minimalista que refuerza el aire cinemático y reflexivo de la música.

De los desiertos del norte a la memoria del sur

La producción del disco volvió a quedar en manos de Dan Auerbach, líder de The Black Keys, en los estudios de Easy Eye Sound en Nashville. Sin embargo, a diferencia de sus trabajos previos —como El bueno y el malo o Sonido cósmico—, la dirección artística de este larga duración de diez canciones explora las raíces familiares de los músicos. La paleta sonora se expande al integrar herencias del folclor ecuatoriano y peruano, matices de la milonga argentina y sutiles toques de cumbia, todo esto procesado a través de su habitual filtro de surf rock melancólico y atmósferas que recuerdan a las bandas sonoras del spaghetti western.

El retorno a las texturas de la infancia

Este sencillo funciona como la continuación directa de Canto andino, el tema que abre el álbum y que sirvió como primera toma de contacto con esta nueva etapa. En términos técnicos y de instrumentación, el proyecto muestra una maduración que se traduce en la búsqueda de texturas más orgánicas y acústicas. Estevan ha vuelto a colgarse la guitarra con cuerdas de nailon, el instrumento con el que aprendió a tocar durante su niñez, mientras que Alejandro introduce por primera vez el charango en el repertorio de la banda, aportando una brillantez tímbrica que conecta de forma inmediata con la tradición musical de Sudamérica.

El trayecto de Hermanos Gutiérrez durante la última década los ha colocado como una de las propuestas instrumentales más singulares de la actualidad. Tras haber pisado escenarios importantes como el Tiny Desk de NPR y el programa de televisión de Jimmy Kimmel, así como firmar colaboraciones recientes con artistas de la talla de Leon Bridges y Natalia Lafourcade, la dupla demuestra con este adelanto que su música sigue encontrando nuevas formas de expandirse sin perder la intimidad que los caracteriza.