La elegancia del desenamoramiento según The Strokes
La banda neoyorquina reflexiona sobre el aislamiento y el crecimiento personal
La banda de Nueva York durante su presentación en Coachella, en abril pasado.
The Strokes acaban de inclinar la balanza hacia la melancolía con el estreno de Falling out of love, el segundo adelanto de su próximo material de larga duración, Reality Awaits. Tras el impacto de su predecesor, la banda neoyorquina opta ahora por un medio tiempo que se siente como un paseo nocturno por una ciudad vacía, alejándose del nerviosismo rítmico de su primer sencillo, Going shopping, para abrazar una vulnerabilidad que pocos esperaban a estas alturas de su carrera.
El refugio en el aislamiento
Julian Casablancas, Albert Hammond Jr., Nick Valensi, Nikolai Fraiture y Fabrizio Moretti parecen haber encontrado en los paisajes de Costa Rica, bajo la tutela de Rick Rubin, el ambiente idóneo para deconstruir su propio mito. Si bien la banda siempre ha jugado con la nostalgia de la Nueva York de los setenta, este nuevo corte introduce una madurez sonora que se apoya en guitarras circulares y una instrumentación minimalista que deja espacio para que el silencio también sea protagonista.
La narrativa de la canción se aleja de los conflictos externos para mirar hacia adentro. Aquí, la idea de desenamorarse no se presenta como una tragedia, sino como un proceso de autoafirmación y hallazgo personal. Casablancas utiliza un vocoder que remite directamente a sus colaboraciones más electrónicas, dotando a la pieza de una textura robótica pero profundamente orgánica a la vez, donde la voz se quiebra entre sintetizadores que parecen flotar en el aire.
Texturas que miran al pasado
Musicalmente, Falling out of love permite apreciar una influencia directa del doo-wop y las baladas clásicas de mediados del siglo XX, filtradas por el lente del indie moderno. Hay ecos de la elegancia de Elvis Presley, pero arrastrados a un sótano de Manhattan donde la humedad y el eco transforman la dulzura en algo más crudo y honesto.
Las letras refuerzan esa dualidad entre la soledad elegida y el cansancio emocional. En fragmentos como “Took you out to my hometown/ Where I learned to be alone/ Riding up the mountainside/ Where all the world’s here”, Julian establece un escenario de retiro geográfico y mental. El coro, a pesar de su título sombrío, transmite una extraña paz: “Hiding out for a while/ Falling out of love for the first time/ Some things are flawed by design/ But I’m fine for the first time”. Es una aceptación de los errores estructurales de las relaciones humanas, culminando en un verso que cierra la puerta a la compañía forzada: “Dancing in acid rain alone with you/ But I don’t wanna do it anymore/ I guess I’ll sing alone”.
Un rompecabezas de Rubin y compañía
La producción de Rick Rubin en estas sesiones parece haber buscado la esencia más pura de los cinco integrantes, eliminando los adornos innecesarios que a veces saturaron sus trabajos de la década pasada. Reality Awaits, programado para el 26 de junio, se perfila como un sucesor natural de The New Abnormal, manteniendo esa estética de diseño chic pero permitiéndose momentos de introspección sonora mucho más profundos.
Con este estreno, queda claro que el grupo no busca repetir fórmulas de éxito inmediato ni depender exclusivamente de la energía del garage rock que los puso en el mapa. La apuesta por la electrónica sutil y las estructuras de balada demuestra que el quinteto sigue interesado en expandir su lenguaje, moviéndose hacia terrenos donde el jazz abstracto y el pop alternativo se encuentran.
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Periodista musical, con más de 20 años de experiencia. Amante y curioso de la música. También hago media PR y creo playlist para marcas. Music makes the place.



