Flea reimagina el minimalismo de Frank Ocean en «Thinkin bout you»

La trompeta de Flea sustituye la voz de Frank Ocean en una versión de ensueño

Flea

Crédito: Gus Van Sant.

Flea ha decidido que los estadios pueden esperar un momento mientras él se reencuentra con el niño que quería ser Dizzy Gillespie. Tras décadas definiendo el sonido del rock alternativo con sus líneas de bajo frenéticas siendo parte de medular de Red Hot Chili Peppers, el músico australiano-estadounidense presenta una reinterpretación de Thinkin bout you, el clásico de Frank Ocean, convertida ahora en una balada instrumental y orquestal que sirve como nuevo adelanto de su primer álbum en solitario, Honora.

Esta versión no busca replicar el falsete vulnerable de Ocean, sino que traslada esa fragilidad a la trompeta, el primer instrumento que Flea abrazó antes de que el rock lo reclamara a los 16 años. El enfoque es purista y emocional: una estructura donde el bajo eléctrico y la trompeta de Flea dialogan con el contrabajo de Anna Butterss y los arreglos de cuerda de Nate Walcott, integrante de Bright Eyes. Es una pieza que se siente como un susurro en una sala de jazz a media luz, lejos de la pirotecnia visual y sonora de su banda principal.

El regreso a las raíces del viento

La relación de Flea con el jazz no es un capricho de veterano de guerra del rock. Fue su formación inicial, marcada por las sesiones que amigos de la familia hacían en el salón de su casa durante su infancia. El músico ha confesado que Channel Orange, el disco donde reside originalmente esta canción, fue un punto de inflexión personal que escuchó «diez millones de veces». La elección de este cover es, en esencia, un acto de gratitud hacia una obra que lo conmovió en una etapa de madurez, ahora procesada a través de su técnica con los metales.

Para lograr este sonido, se rodeó de una alineación que cualquier entusiasta de la música improvisada moderna envidiaría. Bajo la producción del saxofonista Josh Johnson, el ensamble incluye a figuras como Jeff Parker en la guitarra y Deantoni Parks en la batería. Este grupo de visionarios del jazz contemporáneo ha servido como el colchón perfecto para que un músico que ha tocado ante millones de personas confiese, con una honestidad inusual, que sintió el miedo de ser visto como un «impostor del rock» al entrar al estudio con ellos.

Un proyecto gestado en la disciplina

La llegada de su disco debut, titulado Honora, no es producto de una inspiración fugaz. Fue una promesa personal que se hizo al acercarse a los sesenta años: practicar la trompeta diariamente durante dos años, sin importar si estaba en medio de una gira mundial de estadios o atendiendo su vida familiar. El resultado de esa disciplina es un álbum que navega entre composiciones originales y versiones de artistas tan diversos como George Clinton y Jimmy Webb.

Lo que escuchamos en este nuevo avance es la culminación de un deseo que nació en 1991, en el set de rodaje de la película My own private Idaho. En aquel entonces, Flea ya soñaba con crear un disco instrumental de ritmos hipnóticos y melodías meditativas. Treinta y cinco años después, ese anhelo se materializa en una producción que cuenta con colaboraciones vocales de Thom Yorke y Nick Cave, aunque en piezas como esta reinterpretación de Frank Ocean, es el silencio y la textura de los instrumentos los que llevan el peso de la narrativa.

La intimidad después del estruendo

A diferencia de la energía cinética que desprende con los Red Hot Chili Peppers, este material parece diseñado para la introspección. La dirección visual que acompaña al estreno refuerza esta idea de calma y detalle, alejándose de los grandes presupuestos para centrarse en la estética de la ilustración y la animación. Es el sonido de un artista que ya no tiene nada que demostrar comercialmente y que, por fin, se permite el lujo de volver a ser un aprendiz entre maestros del jazz.

Con el lanzamiento programado para el 27 de marzo a través de Nonesuch Records, el proyecto se trasladará a los escenarios en mayo, pero bajo una lógica distinta: clubes pequeños y recintos íntimos en ciudades seleccionadas. Es el hábitat natural para una propuesta que prioriza la honestidad de la melodía sobre el volumen, confirmando que, a veces, para avanzar hay que regresar al punto donde todo comenzó, con una trompeta en las manos y un disco de jazz girando en el tocadiscos.