Sonorama

Estimulante y envolvente, el concierto de Sigur Rós

No hay manera de explicarse cómo un concierto de Sigur Rós, en Guadalajara, puede no llenarse en el Auditorio Telmex, un espacio que tiene toda la infraestructura para recibir la propuesta multisensorial de una banda como la islandesa y dejar atónitos o arrebatar por momentos —ojalá fuera durante todo el set— la atención de los platicadores y los que solo asistieron por decir que fueron, aunque no hayan estado ahí viviendo, respirando y recibiendo la descarga de Jónsi y compañía el pasado jueves 05 de mayo. Realmente, asistir a un concierto de los islandeses es una experiencia musical de otro mundo, una obra maestra que incluye una escenografía minimalista, hermosos videos y una fascinante exhibición de luces, estimulante y envolvente como la misma música.

El setlist desplegado durante aproximadamente dos horas, conformado por canciones muy queridas por el público tapatío y algunas novedades (Gold 2 y Gold 4), así como temas que se tocaron por primera vez en cuatro años (Smaskifa y Ekki múkk), permitieron demostrar los alcances, vigencia y potencia que conserva la banda que combina el post rock con elementos clásicos, experimentales y minimalistas de una manera majestuosa desde su fundación a mediados de la década de los noventa.

A pesar de las palabras impronunciables en islandés y en hopelandic, el idioma inventado por Sigur Rós, no existió impedimento alguno para que el público emprendiera el viaje entre sonidos ambientales etéreos, paisajes sonoros y visuales que conectan con la naturaleza islandesa, abarcando valles de sonidos ligeros hasta volver a subir propulsados por picos pesados y eruptivos. Hace 14 años, esta fuerte conexión tuvo su primera muestra en Guadalajara, cuando la banda entregó un magnificó set en Calle 2.

Desde las primeras notas de la banda sobre el escenario, se creó una atmósfera que absorbió por completó al público y éste se entregó a la marea de sensaciones que inundó su cuerpo mientras Jónsi aserraba su guitarra con un arco sobre el filo del escenario. El viaje musical y visual, transcurrió entre luces de ensueño, disparadas vertical y horizontalmente o simplemente bañando, en destellos helados y cálidos a los aproximadamente 3,600 asistentes al concierto.

Llegó el descanso (¿necesario?) en el que hubo oportunidad de levantarse de los asientos, estirar las piernas, salir a tomar aire fresco (la sala del Auditorio era un horno con el aire acondicionado apagado) o simplemente compartir en redes sociales lo que estaba sucediendo al norte de la ciudad, como cuando Jónsi planeó sobre el público y nos tocó a cada uno con su particular falsetto que destacó por una respiración vocal larguísima.

El set de Sigur Rós concluyó con Popplagiđ, una de las canciones más emocionales, hermosas y devastadoras de la banda, con sus integrantes llevando sus instrumentos al límite durante el clímax tempestuoso de la canción. Al final, se respiraba una sensación en el aire de haber presenciado algo raro y precioso, al mismo tiempo, pero que no olvidaremos jamás.

«IMPERA», por Ghost.- El regreso a los ochenta

Si bien es sabido que desde que inició Ghost en 2010 su objetivo era revitalizar sonidos del ayer, en su álbum debut titulado Opus Eponymous lo demostró al rendir tributo a bandas clásicas de los ochentas, tanto en la composición cómo desde el punto de vista musical y melódico el cual fue excelente, demostrando que sus influencias son amplias, que van desde Kiss hasta Black Sabbath, pero sobretodo destacó en su lírica bastante apegada al ocultismo e inclusive de giro satánico, pero sobretodo que eran pegajosas.

Esa fórmula le funcionó tan bien al grupo sueco que nunca quitó el pie del acelerador y siguió dándonos en los años posteriores tres álbumes más que seguían esta temática inusual dentro de los cánones del mainstream pero “normal” dentro del mundo del metal.

Ahora, doce años después de su debut, sin el plus del anonimato (antes no se sabía quiénes eran los músicos y ahora claramente lo sabemos) y con una sólida base de fans, la banda —o más bien dicho, la mente maestra conocida como Tobias Forge— lanza IMPERA. El que, sin duda es el álbum más accesible hasta la fecha, pisando la fina línea entre la grandeza y la perfección.

IMPERA es un álbum de power ballads de glam metal de esa misma era de la cual tanto han tomado, es, sin duda, un gran paso adelante de Prequelle, su trabajo anterior y automáticamente se convierte en uno de los mejores trabajos de este período de Ghost. Tobias Forge y los ghouls sin nombre una vez más logran crear un disco que se siente nuevo y fresco pero que aún suena como a lo que iniciaron una década atrás. La habilidad de Forge para crear riffs y melodías inteligentes, sin mencionar su constante deseo de experimentar, lo convierten en un líder en el rock convencional, un desarrollo positivo del que el género ha carecido dolorosamente durante años en este rubro de las baladas de estadio que emocionan a más de uno al momento de ser interpretadas.

El disco comienza con Imperium y una gentil guitarra, es el banderazo que nos indica —nosotros sin saberlo del todo— que será un álbum apegado a ese lado más melódico y rítmico que consagra a grupos de metal. Inmediatamente da paso a Kaisarion, un grito que bien podría salir de Alice Cooper con riffs que se sienten inspirados en Twisted Sister. IMPERA no nos deja descansar y sigue el bombardeo de Call me little sunshine y después el track que ya nos habían presentado previamente Hunters Moon. Cada uno de los temas está estructurado para ser un hit pero eso sí las voces ligeramente inexpresivas solo hacen que el sonido sea más inquietante, junto con los siniestros sonidos cautivantes de cada canción, por supuesto. Quizás el mejor momento llega con Darkness at the heart of my love que sin duda se convertirá en un clásico instantáneo.

IMPERA no está alejado de cómo empezó Ghost hace tiempo, no se aleja de su temática por así decirlo, de hecho pareciera que Tobias estuviera replicando las etapas gloriosas de la historia del metal en cada uno de sus discos por lo que quizás dentro de algunos años veremos un disco donde Ghost suene a el tan amado/odiado nu-metal. Solo el tiempo lo dirá, por lo pronto IMPERA de Ghost es una apuesta segura de escuchar metal sin sentir que el diablo se apodera de ti lo que lo hace totalmente inofensivo y por ende disfrutable pero sin presentar nada nuevo o diferente bajo el espectro de su género principal.

Nota Final: 80