‘Ye’ captura la ambigüedad de Kanye West

Me caga Kanye West. Cada vez que veo otra noticia suya en internet pienso algo así como “debemos dejar de prestar atención cada vez que este güey hace una pendejada”. El tipo encarna todo lo negativo de nuestra época: está casado con una Kardashian y es un constante protagonista de chismes y estupideces dignos de una parodia de una parodia de la prensa rosa. Es todo es el lado más banal de la cultura pop estadounidense hecho persona. Encima, el tipo se autoproclama un genio. Apuesto mi quincena a que se masturba viendo fotos de sí mismo. En medio de todo eso, a uno a veces se le olvida que también se supone que West es músico. Entonces saca un disco y te acuerdas. Y el disco resulta ser material de innegable calidad. Y entonces no puedes decir que Kanye West es porquería mediática sobrevalorada porque la música está ahí, y está bien hecha, y se nota que hay una inteligencia filosa trabajando detrás de ella. Una inteligencia pagada de sí misma e insoportable, pero filosa de cualquier forma. Y si no lo reconoces, entonces tú eres el que de alguna forma es un necio. Eso es lo que hace Kanye West, y me caga aun más por eso.

Ye aparece como la culminación luego de alrededor de un año de reclusión tras el colapso mental que sufrió a media gira promocional de The Life of Pablo. Gracias a la tormenta mediática que West suele acarrear a su alrededor de forma cotidiana, es difícil distinguir dónde finaliza el circo y dónde comienzan las verdaderas dificultades emocionales del rapero. Su música refleja exactamente esto. En sus canciones, Kanye West es de a ratos un ególatra que sin dar previo aviso destroza esa fachada y exhibe una vulnerabilidad que empuja al escucha hacia la empatía a través de una ventana al huracán creativo que se alimenta y al mismo tiempo se destruye por el ruido mediático a su alrededor. Gran parte de su discografía es así y Ye no es la excepción. Es una especie de vistazo a la psicosis del hombre que está en la cima.

Este es un disco que está construido en esa contradicción. “I hate being bipolar it’s awesome”, reza la portada y esta frase condensa perfectamente el contenido temático del disco. Ye presenta la historia de un hombre que combate y al mismo tiempo abraza sus demonios. “I love myself way more than I love you ”afirma en I thought about killing you, antes de rematar con “And I think about killing myself / So, best believe, I thought about killing you today”. Los monólogos de Kanye son el arma principal del álbum, los cuales se ven reforzados por un inteligente sampleo que la mayor parte del tiempo permanece en segundo plano, lo que confiere a todo el disco un aire minimalista que solidifica la fuerza de la colección.

En apenas algo más de veinte minutos, Ye explora la salud mental de su autor, su imagen pública, sus problemas financieros y su matrimonio con esa mezcla de vulnerabilidad y pedantería de la que ya hemos hablado. Hay esperpentos de versos como “I love your titties ‘cause they prove I can focus on two things at once” del corte All mine —el más débil del disco— que, debido al gran trabajo de producción que hay en él hacen que la rola no sea un pedazo de basura. Por otro lado, encontramos grandes momentos en, por ejemplo, Yikes, donde West explora sus problemas mentales en una rola potente que cierra de forma magnífica con el rapero clamando “I’m a superhero!” antes de soltar un grito que condensa la locura de la que ha estado hablando. Las reflexiones que West arroja sobre el matrimonio en Wouldn’t leave suponen otro de los no pocos triunfos del álbum.

El que definitivamente es el mejor momento llega casi al final, con la estupenda Ghost town, donde las colaboraciones de Kid Cudi y 070 Shake se llevan la canción, con esas vocales melódicas que se acompañan por un sampleo abismal que florecen en una secuencia chingonsísima. Y es que otra de las virtudes de Ye es que los invitados que aparecen en él de verdad enriquecen a las canciones, demostrando los dotes de West como un arquitecto de edificios acústicos.

Ye es uno de los mejores trabajos de West. Está pensado con precisión milimétrica que equilibra la intimidad y la pretensión. West es quizá el artista que más ha abrazado su época. Una mente brillante capaz de romper las tradiciones de su arte para reinventarlas al mismo tiempo que la vuelve accesible y de un éxito comercial masivo y llegan a volverse más importantes que la música en sí misma. Ye es un álbum que refleja las ambigüedades que alimentan y amenazan con destruir a su autor.

Calificación

8.5/10

About Javier Armendáriz

Exiliado de Chihuahua. Lic. en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Aún no supera a Nirvana.
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