‘Violética’ y las dos caras de Nacho Vegas

La voz de Nacho Vegas del otro lado de la línea telefónica es peculiar. Sus palabras brotan de la bocina a medio camino entre la introversión y la más banal de las rutinas. La nuestra es una más del montón de entrevistas que está realizando ese día en su visita a México como parte de la promoción de Violética, su más reciente disco de estudio; una colección doble de 18 canciones en las cuales Vegas otorga de nueva cuenta canciones que se pasean por las regiones más ásperas de la naturaleza humana.

No había hecho un disco en cuatro años”, señala Nacho con palabras rápidas y carraspeadas. Explica que la amplitud de Violética es producto del material y las ideas acumuladas durante esos años. Un disco doble no es el fruto de ninguna ambición, ningún deseo de hacer de este disco un parteaguas en su carrera sino, como muchas cosas en la vida, simplemente porque así salieron las cosas.

En la velocidad de su habla hay un toque inquieto que no sé definir si es una naturaleza tímida, o ansiosa, o fruto del acelerado ritmo de un día de promoción o solamente la voz de alguien a quien los labios no le alcanzan para decir todo lo que tiene que decir cuando no hay acordes y notas de por medio. Al hablar, da vueltas sobre una misma idea, buscando una manera de decirla que le satisfaga; se interrumpe a sí mismo y se replantea hasta queda con lo que quiere decir o lo más parecido a eso que ha podido encontrar. Me parece una actitud muy acorde con la figura que recuerdo de la única vez que lo he visto en vivo, en su presentación en nuestra ciudad en el Teatro Estudio Cavaret en 2014. Esa noche, Nacho era una figura sombría encogida sobre sí misma frente al micrófono. No hizo gestos ni intercambió comentarios con el público. Durante los pasajes más salvajes de su presentación, con guitarras y teclados regurgitando rabiosos lamentos, él simplemente bajaba la mirada, perdido en sí mismo, envuelto por la visceralidad de sus composiciones.

Violética es una manera de tratar de conciliar dos cosas, dos ideas: la violencia y la ética. Estas dos cosas que son contrarias. Pero de cualquier manera solo es un nombre y no hay que darle más significado del que tiene. Es un nombre y ya”, explica cuando le pregunto sobre el neologismo que da título a su álbum en el cual, Vegas reconcilia las dos facetas en las que muchos de sus escuchas dividimos su carrera: las desgarradoras composiciones intimistas con que se presentó en sociedad como solista —anteriormente había sido guitarrista en el grupo asturiano Manta Ray— con Actos Inexplicables (2001) y que sería la materia prima de su música hasta 2014, cuando publicó Resituación, momento en que viraría de lleno hacia temas de corte político y social que llegaban en una etapa en que España y buena parte del mundo lidiaban con los platos rotos que había dejado la recesión económica de 2008. “Mucha gente se sintió traicionada con ese disco. Dijeron que ya no era el de antes. Lo cual a mí me resultó muy extraño porque yo he sido político de toda la vida”.

Seguidores traicionados por las nuevas direcciones que Vegas pueda elegir sin correr lo tienen sin cuidado. “La música sirve para cuestionarse uno mismo todo el tiempo”, declara y señala que él mismo ha cambiado en muchos aspectos en los años desde que inició su carrera.

Este nuevo álbum combina también estas dos caras de Nacho de una manera simbólica. Muchas de las canciones presentes en Violética se pueden leer como historias personales o también como alegorías políticas que nacen de la rabia por las injusticias sociales y un panorama político desesperanzador. Vegas afirma que las nuevas canciones funcionan así, después de todo, una misma canción puede significar mil cosas distintas para las personas que la escuchan.

Sobre su manera de componer Nacho cuenta que “siempre parto de la verdad, de un hecho real. Uno toma de aquí y de allá, pero a partir de ahí ya uno comienza a agregarle cosas. Siempre se debe tener en cuenta de que uno está escribiendo para otras personas”. De este proceso, Nacho ha creado un elenco de actores poco memorables que atraviesan por situaciones que van de ser terriblemente tristes a patéticas, en el mejor de los casos. “Es lo que pasa cuando se escribe desde la rabia”, sentencia.

Violética es un disco que cuenta con colaboraciones varias en sus créditos. La más llamativa para los escuchas de años es, sin duda alguna, la de Christina Rosenvinge, quien reaparece para realizar a dueto una versión de Maldigo del alto cielo, una canción original de Violeta Parra.

“Cristina y yo tenemos una muy buena relación. Somos muy buenos amigos”, cuenta ante la pregunta de cómo es volver a compartir un estudio con Rosenvinge. Hace casi una década, Vegas y Rosenvinge eran una pareja icónica del indie ibérico que culminó con la publicación de Verano Fatal, un disco compartido donde dan testimonio de su química musical más allá del idilio que tenían tras bambalinas. Eventualmente, la relación amorosa se marchitó y hoy en día, ambos aparecen juntos ocasionalmente para compartir el escenario como viejos amigos. “Ella y yo estuvimos presentando Verano Fatal el año pasado en unos conciertos que tuvo. Christina es una persona de la que he aprendido muchas cosas sobre música, sobre feminismo. Fue gracias a ella la primera vez que escuché a Violeta Parra, en un viaje en descapotable que hicimos por la península. A Christina le debo muchas cosas”.

Vegas no parece tan interesado en recorrer el pasado, sino en poner énfasis sobre el presente y el futuro inmediato. Comenzamos a hablar sobre su show en vivo en la actualidad y cómo es para él recorrer su amplio catálogo y elegir qué es lo que se va a presentar. Afirma que no hay ninguna canción de su autoría de la que reniegue. “Hay canciones que te cansas un poco de tocar con frecuencia y las pones a descansar para tocar otras, pero no, no hay ninguna que considere que ya no me guste. Por supuesto que hago nuevos arreglos, a veces cambio alguna palabra, algún verso para hacer que se ajusten mejor a quién soy, a lo que pienso actualmente. Trato de no tocar una canción siempre de la misma forma”. El conjunto de canciones que conforma cada show, Vegas lo discute con su banda para darle un toque personal. “Se trata de siempre tener listas más canciones de las que vamos a tocar. Eso nos da cierta flexibilidad, nos permite hacer cambios”.

Además de un showcase que Vegas tiene agendado en estos días que visita a Latinoamérica, piensa volver en noviembre para presentar el álbum en el Teatro Metropolitan. “Planeamos volver a lugares como Guadalajara y Monterrey, así como a otros lugares que no hemos visitado antes”.

Con respecto a qué hay en los baúles de cara al futuro, afirma que aún hay material para trabajar. Es normal que Vegas edite un EP que complemente el ciclo musical que supone cada álbum y el más reciente no es la excepción. “Hay canciones que no pude terminar en las sesiones de Violética que me gustaría trabajar. Son canciones que no pude completar porque en ese momento no tenía los ingredientes para hacerlo”.

El hombre que casi conoció a Michi Panero aún tiene cosas para decir, historias que narrar. Esperamos que las cosas sigan así por un buen rato. Mientras tanto, no queda más que brindar por el hombre de hoy y por lo bien que habita el mundo.

Es bueno comprobar que, después de todo, las niñas siguen cantando: chalalalalá.

About Javier Armendáriz

Exiliado de Chihuahua. Lic. en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Aún no supera a Nirvana.
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