Un viaje al futuro en el segundo día del Vive Latino

Gorillaz cerró la segunda jornada de actividades en el Foro Sol. Crédito: OCESA / César Vicuña.

La segunda ronda del Vivo Latino quedó inaugurada con San Pascualito Rey. La reconfortante tranquilidad de En la oscuridad nos da la bienvenida mientras nos abrimos paso entre la gente para acercarnos un poco al escenario. La banda de Pascual Reyes esta vez venía apoyada por una sección de metales que refuerza los arreglos típicamente mexicanos que suelen incorporar a sus composiciones. También andaban de manteles largos debido a que celebran quince años de su primera y más memorable placa Sufro, Sufro, Sufro, de la cual pudimos escuchar la entrañable y visceral Nos tragamos antes de ponernos más pesados con Salgamos de aquí. Vale muchísimo la pena detenerse a hacerle un guiño al excelente trabajo que Alex Otaola hace en la guitarra. El hombre es como un pintor pincelando matices por aquí y por allá, adornando los riffs de reyes y la más que maciza sección rítima de Juan Morales y Chema Arreola. Gran banda, San Pascualito Rey. Da gusto ver que sigan en los escenarios una década y media después.

Pascual Reyes, en plena interpretación de ‘Si te vas’. Crédito: OCESA / Raúl Kigra.

Luego nos cambiamos de escenario para ver a Los Pericos y tener el momento reggae de la tarde. “Tenemos un festival dentro del festival”, nos informa Juanchi Baleirón. Los embajadores argentinos del reggae tenían preparado un setlist que venía reforzado con invitados especiales, siendo la primera Carla Morrison, con quien se aventaron Anónimos, luego siguieron otros temas como Jamaica Reggae y la aparición en el escenario de Andrés Ciro Martínez para acompañar durante Casi nunca lo ves. Para estas alturas el escenario principal ya es una fiesta que remata con la incorporación de Dr. Shenka, con cuyo apoyo en el escenario la presentación termina de explotar.

Era momento de ponernos un poco más punks, así que con un cambio de escenario más llegamos a tiempo para ver cómo La Lupita ya tenía encendida a la gente frente al escenario con Jalando Imecas Ellos también traían una invitada especial, así María Barracuda salió para interpretar Ja, Ja, Ja y Supersónico. Luego de eso viene una “rola pa’ echar desmadre”, como ellos mismos lo advirtieron antes de tocar La banda borracha. La presentación concluye, como no podía ser de otra manera, con Contrabando y traición, una de esas rolas que ya vienen impresas en el código genético mexa.

De regreso al escenario principal Cuca ya tenía empezado su desmadre con Hijo del lechero, seguido por otras finezas como Arre Lulú y La pucha asesina. Lo bonito de la Cuca es que encarnan ese espíritu valeverga del rock nacional de la vieja escuela. Y eso está bien. Piensen en esa última rola. La pucha asesina. Es un eslabón necesario para continuar con la evolución musical del país. Alguien tenía que hacer una canción llamada La pucha asesina antes de que la escena nacional partiera a explorar otros derroteros. He ahí tu granito de arena, Cuca. La verdad es que todo el set no dio un solo momento de tranquilidad y aunque a José Fors y compañía ya comienzan a vérseles el peso de los años, aún la levantan y se ven capaces de continuar otro buen rato. La locura colectiva se desata con Señorita Cara de Pizza y El son del dolor, otro par de clásicos bien parados en el Olimpo del rock azteca.

Carlos Avilez (bajo) y José Fors, de Cuca. Crédito: OCESA / Lulú Urdapilleta.

El sol ya se había ocultado entre los cerros y el smog de la CDMX y un bonito tono anaranjado tenía el cielo cuando nos fuimos a ver qué podía seguir. Las actividades en el Foro Sol no se limitaron a las bandas que conformaron el setlist sino que también hubo proyección de documentales bajo el sello de Ambulante además de la Casa Comedy con una selección de standuperos. Algo en el aire indicaba que tal vez era buen momento de darle un poco de descanso a la música y nos fuimos a ver si Carlos Ballarta es gracioso en persona o no.

El comediante arrebató carcajadas durante su espacio en Casa Comedy. Crédito: OCESA / José Jorge Carreón.

Resulta que sí es. A pesar de que solo alcanzamos a ver la recta final de su rutina (la cual tuvo como uno de sus ejes principales el tirarle mierda a Guadalajara, en un acto más de rivalidad entre las dos ciudades principales del centro del país) y que claramente el escenario estaba equipado con un sonido que no estaba a la altura de las circunstancias. Y es que sí, el cabrón tenía casa llena. Probablemente atrajo a más gente que los escenarios musicales más pequeños. Chistes sobre la depresión, el aborto y la religión le sacaron un par de buenas carcajadas a los presentes.

La comedia sirvió como un buen break antes de lanzarnos a los platillos fuertes de la noche. Las presentaciones Queens of the Stone Age y Gorillaz ya se veían en el horizonte, pero antes había tiempo para un último tentempié que resultó ser una de las mejores sorpresas de la noche.

La expectativa por ver a Gorillaz era inmensa en el Foro Sol. Crédito: OCESA / Lulú Urdapilleta.

Mientras en la mayor parte de los escenarios todo era shorts, sombreros, lentes oscuros y fashion de festival, en la Carpa Doritos lo único que se podía observar eran cabelleras largas y playeras negras. La razón: A.N.I.M.A.L., quienes nos regalaron los minutos más pesados que pudimos escuchar en todo el festival.

Estos argentinos surgidos en los noventa ofrecen todo lo que uno puede pedir de una banda de metal de dicha década: vocales encabronadas, riffs filosos, percusiones de alta densidad y un bajo capaz de arrancarte la espina dorsal. Revolución y Solo por ser indios bastaron para que se formara un moshpit que no desapareció a lo largo de todo el set y que se volvió un auténtico huracán humano. La cosa solamente mejoró cuando Dante Spinetta, de Illya Kuryaki and the Valderramas y Fermín, de Control Machete aparecieron como refuerzos durante una presentación de Loco Pro.

De izquierda a derecha: Andrés, Dante y Fermín. Crédito: OCESA / Salvador Bonilla.

¡Quiero ver ese pinche slam mexicano!”, retó el vocalista Andrés Giménez en los momentos previos a Cop Killer. Y la audiencia responde formando un pozo de madrazos que ocupó casi todo el espacio que había frente al escenario. Si algo tiene el público mexicano, es que cuando les hundes el metal al rojo vivo entre las venas, les haces hervir la sangre y se vuelven una fuerza de la naturaleza.

Ya bien encendidos comenzó el éxodo al escenario principal para agarrar buen sitio antes de que Josh Homme et al. aparecieran. En los momentos previos a la presentación, en las pantallas del escenario principal transmitían la presentación que estaba dando la Mala Rodriguez al otro lado del Foro. No había audio, así que para los que vimos esa transmisión solo podemos dar constancia de que la española se estaba montando el show más sexy de todo el festival.

La Mala Rodríguez encendió el Foro Sol la tarde del domingo. Crédito: OCESA / José Jorge Carreón.

Entonces se apagan las luces y comienza a sonar una grabación de Walk the night, de los Skatt Brothers. Con este intro queda patente cuáles son las intenciones que QOTSA se propone últimamente sobre el escenario: echar danzón.

El set queda inaugurado con If I had a tail y My God is the Sun que sirven muy bien como ejercicios de calentamiento pero no es sino hasta que el prolongado intro de Feet don’t fail me explota en un riff seductoramente disco que la audiencia se entrega por completo. Cuando continúa The way you used to do queda reafirmada la identidad a la que QOTSA ha llegado con su carrera musical: esto ya no es stoner rock puro y duro, ya no se trata de tipo sudorosos en medio del desierto. No, ahora pusieron una pista de baile en medio de las dunas, donde bailan el moonwalk vestidos de traje. Las nuevas rolas en vivo de la banda son como Vincent Vega de Pulp Fiction hecho canción.

Algo de stoner rock por cortesía de QOTSA. Crédito: OCESA / César Vicuña.

Más adelantados en el set vamos regresando poco a poco a los riffs concisos de trabajos anteriores. El cabeceo se pone intenso No one knows antes de ponernos primaverales con Make it with chu. El momento introspectivo llega con Villains of Cirunstance (aunque yo hubiera preferido mil veces que la rola tranqui de la noche fuera The vampire of time and memory) antes de cerrar con un trío infalible compuesto por Little sister y Go with the flow que remata con A song for the dead. En resumen, poco más de una hora de rock and roll como es debido de la mano de una de las bandas que mejor saben tocarlo hoy en día.

Josh Homme y compañía presentaron ‘Villains” en sociedad. Crédito: OCESA / César Vicuña.

Luego de esto viene una espera larga en lo que en el escenario se instala lo que es la enorme producción del último show en el escenario principal: Gorillaz. Cansados pero expectantes, vemos cómo aparecen las pantallas, los teclados y sintetizadores. Desde ya sabemos que lo que está por verse no va a ser cualquier cosa.

Antes de que comience el espectáculo, el Foro Sol cobra vida. Para entonces el espacio está a lleno a rebosar: la arena abarrotada, las gradas sin espacios vacíos. Con las luces apagadas, la gente en las gradas enciende su teléfono y comienzan a hacer olas de un lado a otro del anillo que rodea el foro. Es como un oleaje de medusas flotando en medio de la nada. Los gritos de la multitud brotan desde la parte de atrás y se acumulan en el centro. Es el aliento de un monstruo de más de veinte mil bocas.

Y luego comienza.

El show del festival, sin duda, fue el de Gorillaz. Crédito: OCESA / César Vicuña.

Damon Albarn y los suyos aparecen en el escenario vestidos como luchadores. Albarn es El Santo. Así, enmascarados, el show arranca con M1 A1 y continúa en un espectáculo que no va a dar descanso en ningún momento de su más de una veintena de cortes entre los que escuchamos Tomorrow comes today, Saturnz Barnz o On Melacholy Hill. Albarn va de un lado hacia el otro del escenario escupiendo sus letras con un indistinguible acento británico. Baja del escenario y continúa con su acto mientras la gente extiende sus manos hacia él. Atrás, la banda construye el envolvente sonido mientras en las pantallas 2-D, Murdoc, Noodle y Russel aparecen en sus ya icónicas aventuras, en medio de persecuciones de auto, combates en helicópteros y travesías postapocalípticas.

Damon Albarn saltó al escenario con la indumentaria de El Santo. Crédito: OCESA / César Vicuña.

A pesar que Albarn es el sostén creativo de Gorillaz, no cabe duda de que en su cabeza esto es algo que trasciende a una banda en el sentido más tradicional. No lo duda dos veces en tomar un lugar secundario (o incluso desaparecer) en el escenario cuando la canción requiere el protagonismo de alguien más, tal como sucede en las versiones de estudio. Y es aquí cuando el show se vuelve un desfile de invitados especiales que sostendrán el espectáculo cada quien durante una canción o dos: Pauline Black desafía en el micro a Albarn en Charger y Peten Everett se encarga de liderar Sex Murder Party. La rapera Little Simz nos pone a todos con las manos en el aire durante Garage Place y Everett regresa de la mano de Bootie Brown para tocar Stylo y Dirty Harry. El set principal concluye con Feel Good Inc. acompañado por De la Soul.

Crédito: OCESA / Lulú Urdapilleta.

Luego de esto, desaparecen del escenario y nadie se mueve. Todos sabemos que debe haber un encore. Luego de un rato, sucede exactamente esto. El momento acústico de Hong Kong abre la recta final antes de pasar a Kids with guns.

¿Es necesario decir cómo fue cuando el broche de oro llegó con Clint Eastwood? Esta rola es de hace casi veinte años y aún suena como el futuro. Pero supongo que esa es siempre la cosa con el futuro: It’s coming’ on, it’s coming on, it’s coming on.

Crédito: OCESA / César Vicuña.

About Javier Armendáriz

Exiliado de Chihuahua. Lic. en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Aún no supera a Nirvana.
Bookmark the permalink.