Un poco de todo en el primer día del Vive Latino

El mayor de los Gallagher presentó su placa más reciente en VL2018. Crédito: OCESA / Raúl Kigra.

El Foro Sol sirvió de casa para lo que sería un fin de semana donde pudimos repasar un poco de la oferta musical de nuestro país y otros amigos hispanohablantes con la visita especial de uno que otro británico. ¿Qué hubo en la primera jornada del Vive Latino? Un poco de todo: hurto de aparatos electrónicos, slams, sintetizadores, Morrisey sin camisa, bailongo y cerveza a precios inflados. Más o menos lo que uno suele buscar en un festival. Comencemos desde el principio.

La tarde apenas estaba empezando a agarrar vuelito y en la Carpa Doritos, uno de los escenarios secundarios, Allison estaba ofreciendo un viaje por la nostalgia para todo aquel que fue adolescente durante la década pasada. Y les funciona. El público los ovaciona antes de que comiencen los guitarrazos en rolas como Memorama o Rómpase el vidrio en caso de emergencia. La verdad es que Erik Canales y compañía se veían muy contentos de volver a presentarse en un Vive Latino después de doce años y el público (la mayor parte veinteañeros que ya comenzamos a ver cómo nos crece la pansa y las entradas) parecía más que contento de recordar aquellos días de Vans de cuadritos, rolas bajadas del Ares y copetes cubriendo ojos perpetuamente tristes ante la tragedia de que tu profe de Geografía la trae contra ti y encima tu vecina la guapa no te pela porque es medio fresa. Ah, qué tiempos.

Allison nos catapultó a nuestros tiempos de secundaria. Crédito: OCESA / Salvador Bonilla.

El mismo Canales así lo indica antes de cerrar su show:

“Quiero que regresen a ese momento cuando escucharon por primera vez esta canción. Cuando estaban en primero de prepa, de secundaria”, nos indica antes de tocar el que es indudablemente su mayor éxito: Frágil. Muy bonito el viaje por el tiempo. La verdad nunca fui fan de Allison, pero estoy casi seguro de que esa rola sonaba en la radio en los días en que me comenzó a salir el vello púbico. Gracias por hacerme revivir el trauma.

Luego de eso hubo un rato libre que aprovechamos para darnos una vuelta por el Foro a ver qué onda y pasear un poco por los diversos puestos que ofrecen parafernalia oficial de los diferentes actos que se presentaron a lo largo de los dos días, además de comida, cerveza y esa clase de cosas. El sistema de pago fue mediante una pulserita electrónica que recargabas en un puesto y luego pasabas por un lector cada vez que comprabas algo. La verdad es que es una buena idea manejar tus finanzas de esta manera. Es una preocupación menos no tener que andar cargando efectivo todo el día (no nos hagamos pendejos, más de uno sale bien despojado de sus pertenencias en un festival de música y sus alrededores. A mí me tocó que mi teléfono se evaporara mágicamente de mis pantalones en el Metro), además de que, oye, hay que pensar en los vendedores. Esos héroes anónimos que atraviesan turbulencias de carne sudorosa, siempre entregados a la noble labor de proveerte cerveza y sopa Maruchan. Ya no tienen que andar batallando con cambio. Pones tu pulserita y ¡zaz! Un placer hacer negocios. Aunque este sistema tiene sus desventajas, ya hablaremos de eso en su momento.

Santiago Motorizado en acción. Crédito: OCESA / Salvador Bonilla.

Luego de dar el rol nos regresamos al mismo escenario para ver a la banda con el mejor nombre de toda Latinoamérica: Él Mató a un Policía Motorizado. Estos argentinos por sí solos ya desquitan el precio del boleto. Sí, sé que es esa clase de banda que puedes ver con relativa frecuencia en un foro más pequeño por una módica cantidad, pero no se trata de eso. Se trata de que estos güeyes hacen de la mejor música en español en estos días, además de que traen bajo el brazo un LP nuevo que es una de sus producciones más logradas, cosa que queda patente en rolas como El Tesoro, acompañados de proyecciones cósmicas en las pantallas detrás de ellos. Y pues aquí fue la oportunidad perfecta para ponernos sentimentales, como cuando sonó Excálibur, El mundo extraño, con esa guitarra que te desliza por un túnel de alienación, de amor distante, como una especie de concilio entre los deseos y lo imposible. Él Mató es una banda que captura perfectamente la confusión de esos amores románticos que hacen cimbrar la Tierra. El mejor momento de una presentación tremenda llega con Más o menos bien una de las joyitas de su repertorio que captura a la perfección todo lo que esta banda representa, y que en vivo es una delicia. Las atmósferas emocionales de estos tipos son como puñaladas que calan en lo más hondo, pero calan dulce. Aunque, eso sí, imperdonable que no hayan tocado Mujeres bellas y fuertes”.

Pantro Puto al mando de las seis cuerdas en la primera jornada de VL2018. Crédito: OCESA / Salvador Bonilla.

Pero uno se puede pasar todo el fin de semana sumido en la vorágine emocional, a veces hay que sacudirse lo meloso con una buena bailada, y Los Amigos Invisibles proporcionaron exactamente eso desde el escenario AT&T. La receta de guitarritas funk, letras picaronas y teclados pegajosos es infalible a la hora de recargarle la pila a la audiencia. Nos transmiten la lujuria electrónica con La vecina, declaramos nuestra más absoluta inocencia durante Mentiras, como no podía ser de otra manera.

A los compas que no se pueden ver los tuvimos que abandonar temprano porque, por obra de la Divina Providencia, Morrissey no canceló su show y ya había comenzado en el escenario principal. Llegamos justo a tiempo para escuchar la mayor parte de su set, comenzando con el clásico de The Smiths How soon is now?.

Morrissey, una de las joyas de la corona británica. Crédito: OCESA / Lulú Urdapilleta.

¿Cómo aborda uno a Morrissey? El hombre es un sujeto… llamémosle interesante y como músico es una de las voces más icónicas del siglo pasado. Acá lo que nos interesa es la música y es agradable comprobar que su voz sigue viva. ¿Se notan los años? Definitivamente. Y la ecualización no fue la más perfecta, el micrófono se escuchaba un tanto mal cuando Morrissey elevaba su usual tono grave de voz a regiones un poquito más agudas. Los sintetizadores, apabullantes, eso sí.

Mientras el setlist avanzaba la cosa se iba poniendo cada vez más política, y Morrissey cada vez tenía menos ropa. Tenemos una llamada al respeto de la vida animal con The bullfighter dies y una expresión de miedo ante la autoridad con Who will protect us from the pólice con dedicación especial a Venezuela. En las pantallas vemos a toros ser lacerados en los ruedos españoles y a manifestantes ser víctimas de la brutalidad del Estado. Más adelante escuchamos When you open your legs y World peace is none of your business, esta última con el cantante cerrando la canción en español: “Paz mundial es asunto que no te concierne”. Agradable detalle. Para cuando llegamos a Spent the Day in Bed, Morrissey, quien empezó su presentación muy elegante, trajeado y todo, a estas alturas ya luce como cuando estás cayéndote de borracho en el menudo después de una boda: despeinado, desfajado, con la camisa abierta, luciendo orgulloso su ronco pecho. Luego llega Jacky’s only happy when she’s up on the stage y, para fortuna de todos, esta vez no hubo playback ni bailarines. El inglés decide despedirse del público poniéndose punk con un cover de Judy is a punk.

Siempre provocador el artista británico. Crédito: OCESA / César Vicuña.

Luego de esto tocó cruzar un océano de personas para ver al mayor de los hermanos Gallagher en solitario. El setlist ya está un poco empezado con Dream on y justo después él dice lo que todos estamos pensando:

I heard there are a lot of Oasis fans here”, nos dice.

El excabecilla de Oasis apuntaló su set con temas de su antigua banda. Crédito: OCESA / César Vicuña.

Ok, vamos a hablar con la verdad. Sí, Noel. Sí hay un chingo de fans de Oasis aquí. No necesitamos sacar una encuesta por acá para saber que mínimo ocho de cada diez de los presentes quiere escuchar rolas de Oasis. No lo tomes a mal, High Flying Birds está chido. Tan solo es la maldición de ser exmiembro de una banda icónica del britpop. Esa es una sombra larga de la que nadie se escapa. Así que pongamos las cartas sobre la mesa y danos lo que queremos, pinche madre.

Noel hace caso y comienza a sonar Little by little. Los covers de Oasis van a ocupar casi la mitad del set de Gallagher en total, aunque intercaladas con su nuevo material. Por ejemplo, suena She taught me how to fly y tenemos la oportunidad de ver a la mítica chica que toca las tijeras. Luego llega Half the world away y, la que todos queríamos oír, Wonderwall, que llega en forma de versión acústica. Y el Foro Sol, por supuesto, se la sabe.

Hacia el final del set nos vamos con otros dos clásicos, siendo Don’t look back in anger el primero. Frente al escenario, grupos de amigos abrazados, parejas besándose, gente vaciándose los pulmones con la canción, uno que otro alarido de éxtasis musical con matices desvergonzadamente sexuales. El público entrega por sí solo los últimos versos de la canción antes de que Noel se encargue de finalizarla con un susurro.

Crédito: OCESA / Raúl Kigra.

El broche de oro es All you need is love. Muy apropiado. No puedes tener a un Gallagher sin tener un homenaje a los Beatles cerca. Aquellos no se pueden explicar sin estos.

A estas alturas del partido el cuerpo pide descanso, así que es hora de echarse en el pasto con Love of Lesbian de fondo. Los tonos suaves de los españoles nos sirven para aterrizar un poco, ayudados por cortes como Contraespionaje y Noches reversibles.

Santi Balmes al frente de la banda valenciana Love of Lesbian. Crédito: OCESA / Raúl Kigra.

Luego de agarrar aire, nos vamos de nuevo al escenario principal porque, sí, está muy chida la música inglesa y lo que quieras, pero esta madre es el Vive Latino y ahora es el turno de Panteón Rococó.

Ahora, uno de los grandes argumentos en contra del Vive es que en su mayor parte se trata de las mismas bandas nacionales que uno suele ver gratis en eventos organizados por el Gobierno, las mismas bandas que suenan en cada pinche bar un sábado por la noche, las mismas canciones que están de fondo cuando vas a una feria, cuando estás en una fiesta. Lo mismo de siempre. Pero, oye, es que tampoco se puede negar que la verdad es muy bonito cuando comienza a sonar Vendedora de caricias y de repente ya está todo mundo bailando ska. O cuando todos nos ponemos en plan dolidos con La dosis perfecta. Está chingón cuando suena La carencia y tienes a 100 cabrones dando vueltas en círculo desahogándose luego de semanas de transporte público y explotación laboral, levantándose unos a otros cuando se caen, abrazándose entre ellos al final de cada rola. Prácticamente todo mexicano que va a conciertos de vez en cuando ha visto a Panteón Rococó en vivo alguna vez. Nada nuevo bajo el sol, lo único que uno puede hacer es confirmar que, sí, se sigue poniendo bien pinche bueno el desmadre cuando Dr. Shenka y los suyos salen al escenario. Y a veces eso es todo lo que hace falta.

Luego de eso le tocaba el turno a Molotov, pero por motivos de fuerza mayor no fue posible ver su set. Aunque por ahí anda el video del straming y al parecer la molacha se sigue rifando.

Pasan los años y la Molocha sigue vigente. Crédito: OCESA / César Vicuña.

Nada mal para el primer día.

About Javier Armendáriz

Exiliado de Chihuahua. Lic. en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Aún no supera a Nirvana.
Bookmark the permalink.