Samuel T. Herring, un frontman explosivo: Future Islands en Guadalajara

No hay muchos shows que consigan cautivar, más que a los fans que corean de principio a fin todas las canciones, a aquellos que están en el evento más o menos por accidente, como acompañantes de algún fan hardcore, o porque sí les gusta la banda, pero no los ha oído tanto; en la mayoría de las ocasiones, estos asistentes incidentales la van a pasar apenas bien, pero va a pesarles el cansancio en las piernas y el precio exorbitante de la chela o el calor y lo apretado de la multitud, o cualquier otra cosa que opaque la calidad de la música y el espectáculo (a quien escribe esto, le ha pasado en más de la mitad de los conciertos a los que ha ido sin ser muy fan de quienes se presentan).

 

Muchas veces esto ocurre porque la banda se limita a subirse, tocar sus instrumentos, mover un poquito el cuerpo, caminar de un lado a otro del escenario, agradecer entre canciones, y algunas cosas más. Especialmente el vocalista o frontman, quien suele llevar buena parte del peso del concierto sobre los hombros. Pocos frontmans consiguen hacer de su concierto un verdadero show memorable, que haya valido la pena, tanto por la calidad de su interpretación como por su interacción con el público.

 

Este es el caso de Future Islands, o para ser más precisos, de su vocalista y frontman Samuel T. Herring, quienes se presentaron el martes 1 de mayo en el C3 Stage en Guadalajara, como parte del tour que promociona su último álbum The Far Field, editado el año pasado.

 

Conformados por Herring, William Cashion en el bajo y Gerrit Welmers en los teclados, además de Michael Lowry como su baterista de gira, Future Islands se ubicó en el escenario de una manera inusual: con los tres músicos hasta el fondo, en una superficie elevada, lejos de la atención, dejando a Herring el resto del espacio completamente vacío para él solo.

 

No hubo dudas de que Herring necesitaba ese espacio, y de que era suyo: desde la primera canción, “Ran”, hasta la última, “Spirit”, su actuación fue extremadamente explosiva. Como sus rolas, sentimentalmente intensas, así fue su interpretación. Herring no dejó de moverse de izquierda a derecha, de atrás hacia adelante del escenario del C3 en todo momento.

Y no eran estos pasos y movimientos mesurados: eran saltos, zancadas, patadas, una suerte de baile ruso, golpes al aire, al pecho y a la cabeza; Herring se convirtió en una bestia llena de fuerza y sentimientos que atrapó toda nuestra atención durante hora y media. Así como Cashion, Welmers y Lowry hacían lo suyo con sus respectivos instrumentos en la parte de atrás del escenario, Herring convirtió su cuerpo en un instrumento vivo que se movía siguiendo la cadencia de los golpes de batería, y más aún, de su potente voz que nos regaló alaridos propios incluso de black metal. Con ella y con sus movimientos daba vida a cada una de las rolas, convirtiendo cada una en un acto de performance distinto y aparte de las otras, como si fueran una breve puesta en escena, una pequeña pieza teatral en sí mismas, que sin embargo rompía la cuarta pared, porque Herring no dejaba de cantar al público observando a los asistentes a los ojos, extendiendo las manos hacia nosotros.

 

Empapado de sudor de pies a cabeza (un sudor que las múltiples toallas dispuestas para él desde al principio no pudieron contener), Herring, junto con sus compañeros, se despidió del C3, habiéndonos regalado una de las noches más inesperadas y atesorables que se han presenciado en la ciudad en los últimos años.

About Omar Castañeda

CEO & Publisher. Escribo sobre música desde finales de la década de los noventa. Desde 2013 dirijo Sin Documentos MX y coordino el contenido editorial de la revista. Twitter: @OmCastan

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