Sacar el punk por 2 minutos

Fotos: Leslie del Moral / ACK Promote.

La noche del pasado viernes, la banda punkie tapatía se dio un agasajo con la presentación de 2 Minutos en el C3 Rooftop. Fue una noche de desvergue, madrazos, guitarrazos y alaridos en que el foro parecía explotar por la energía que el público y la banda argentina se arrojaron mutuamente como si fuera una granada.

Los tapatíos Monster Truck Machine se encargaron de cortar el listón inaugural y allanar el terreno para la clásica banda argentina. Y, oye, qué manera de hacerlo. Estos carnales locales ofrecieron su particular estilo de punk/metal/garage y la verdad es que lo hicieron con huevos a pesar de que les tocó presentarse ante un foro en el que apenas comenzaba a llegar gente. En medio de rolas de su propia cosecha, realizan un cover de My Sharona que me saca una sonrisa. No hay manera de que esa rola suene mal.

Otros cortes que los tapatíos presentaron fue América (dedicada a todos los drogadictos que andan por aquí, como ellos mismos lo informaron), Panteón Kawasaki y una versión amadrizada Qué le pasa a Lupita. Esta es una banda bastante dinámica: los miembros intercambian labores vocales de una canción a otra y los sintetizadores de verdad le agregan sustancia a las líneas que las guitarras y el bajo marcan con su propio punch.

Hacia el final de su presentación, el foro ya está más lleno y tienen a un cuarteto de cabrones que fueron los primeros de la noche que se animaron a armar el slam. Uno de ellos, notablemente borracho, se parte la madre al caer al suelo y vuelve a levantarse con todo y sangre brotándole desde una sien. Le vale madre y sigue echando desmadre. A huevo, carnal, a huevo.

Monster Truck Machine se retira del escenario y deja al público ya precalentado para la llegada de Mosca y compañía. Son las diez de la noche y el foro ya está abarrotado. A las diez y cuarto la gente, ya desesperada, echa chiflados y porras futboleras. A las diez con veinte minutos suena una cumbia y los argentinos se abren paso al escenario entre vitores y sacudidas del público. “La raza punk es leal”, me escriben por WhatsApp esa noche. Y sí. La manera en que el público se entregará esta noche a 2 minutos no deja lugar a dudas de ello.

2 minutos está en el escenario y ponen al punto los últimos detalles de sus instrumentos. La cumbia sigue sonando de fondo, pero el sonido de las guitarras y los bajos comienza a abrirse camino a través de los amplis. Y es entonces cuando queda inaugurado un desmadre de verdad.

Desde las primeras rolas el foro explota. El área inmediata al escenario queda invadida por un huracán de brazos y piernas volando en todas direcciones, bendecido por una lluvia de cerveza y refresco. La banda se dedica a repasar su repertorio de más de tres décadas con títulos como Falta o No me moleste. Mosca y Pedro, vocales y guitarra respectivamente, intercambian comentarios y bromas entre una rola y otra para agarrar un par de respiros. Solo entiendo la mitad de lo que dicen (los argentinos tienen un cotorreo muy de ellos), pero al parecer se lo están pasando bomba.

Algunas de las rolas más coreadas son Otra mujer y El mejor recuerdo. Esta última tiene un toque especial, pues llega con dedicatoria y la participación de un cabrón del público en el escenario. La gente, como toda la noche, sigue bailando sin parar. A estas alturas el foro ya está plagado de güeyes descamisados y sudorosos.

“¡A la salud de Corea! ¡Pinche Messi la chupa!” grita Pedro en un espacio entre rolas y la banda se emociona. El comentario mundialista llega como preámbulo a más rolas como Arrebato, Aeropuerto y Como caramelo de limón. La banda lanza rola tras rola tras rola, cada una igual de enérgica y, si a los miembros de 2 Minutos no los detiene los años que ya cargan a cuestas, el público tampoco raja y sigue dando guerra en el pogo durante cada tema, incluso uno que otro acelerado logra subir al escenario para lanzarse sobre el público para crowdsurfear.

Los asistentes entonces tienen la oportunidad de demostrar el cariño que le tienen a la banda, y es que esta noche Mosca cumple su primavera número 51. El foro le regala un prolongado de “¡Olé, olé, olé, olé, Mosca, Mosca!” que la banda agradece duplicando las energías durante las siguientes rolas.

“¡Bravo, la concha de la madre!” grita complacido Pedro al ver el público que no ha dejado abajo ni por un segundo.

“El aplauso se lo debemos nosotros a ustedes”, concuerda Mosca y la banda se detiene a un segundo para reconocer al público chocando palmas.

“Todo tiene un inicio y un final”, se lamenta Mosca y anuncian que la siguiente es la última canción de la noche. La velada cierra con 2 minutos y el foro se cimbra con todos los que se lanzaron a bailar los últimos segundos de música restantes. Los tambores se golpean amadrizados, los alaridos empapan los micros y la asistencia deja lo que le queda de aliento en el moshpit.

Así termina la presentación. La banda se retira del escenario y la gente comienza a dejar el escenario, satisfecha de una noche en que pudo sacar el punk por un par de minutos.

About Javier Armendáriz

Exiliado de Chihuahua. Lic. en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Aún no supera a Nirvana.
Bookmark the permalink.