Roger Waters deja a Guadalajara sin palabras

Fotos: Ignacio Robles de Loza.

Mientras la Arena VFG se poblaba lentamente con las personas que hicieron del primero de los dos shows de Roger Waters en Guadalajara un sold out¸ en la enorme pantalla detrás del escenario se veía la figura de una mujer sentada de espaldas a nosotros, con la mirada perdida hacia una playa. Desde las gradas todavía se podían ver las filas de gente que entraba a la arena para buscar su asiento cuando comenzaron los primeros acordes de Breathe y, así, comenzó el concierto más espectacular que se vio en Guadalajara en 2018.

Los primeros minutos del show fueron para lucimiento de la banda que acompaña a Waters en esta gira, mientras este se paseaba en el escenario en un segundo plano, limitándose a sus contribuciones en el bajo. No fue sino hasta Time que el ex miembro de Pink Floyd hizo gala de sus habilidades con esa larga tensión que marco con sus dedos arrugados paseándose por las cuatro cuerdas. Detrás de él, enormes relojes volaban por la pantalla como una lluvia de dibujos de Dalí. Cuando Waters finalmente participa en las vocales, a todos nos cae el veinte de que, sí, esa es la voz que hemos escuchado tantas veces en nuestras bocinas, una voz y una música que ya es legendaria:

Ticking away the moments that make up a dull day

Fritter and waste the hours in an offhand way.

Kicking around on a piece of ground in your home town

Waiting for someone or something to show you the way.

El show deja en claro que Waters está ahí más que nada en calidad de director de orquesta. Suya es la cabeza que dio origen a las historias que se cuentan en esa música, que concibió la ira, la nostalgia, la locura que se percibe en su música. No se trata de verlo presumir habilidades en el bajo o la guitarra, tampoco de atestiguarlo hacer hazañas en las vocales. Él es el maestro que se permite pasar a la sombra mientras Jess Wolfe y Holly Laesig (de Lucius) nos regalan una versión de The great gig in the sky que apuesta por magnificar las secciones calmadas del paisaje vocal que es esa rola.

Luego, hacemos un viaje por la desesperación que es Welcome to the Machine, donde los teclados que antes hiciera Richard Wright llenan el lugar con una ansiedad eléctrica que decae un poco cuando comienza la sección en que Waters se dedica a presentar las rolas de su último disco en solitario. Y aquí sí debo decir: no mames, Guadalajara. Estas fueron las rolas que la gente, al menos en donde yo estaba aprovechó para ir al baño. Llegó un punto en que se escuchaban más unos cabrones que le gritaban al tipo de las cervezas que la banda tocando Dèja vu y, oigan, la neta es que Picture that no le debe nada a los clásicos. Es un rolón. Un poquito más de respeto, carajo.

Pero entonces comienza a sonar Wish you were here y con eso tenemos el primer momento donde toda la sala se une en un abrumador coro.

Más tarde llegan las partes 2 y 3 de Another brick in the wall y el concierto alcanza su momento más agitado. Salen a escena un montón de niños con ropa de presos mientras detrás de ellos enormes figuras de profesores dictatoriales los oprimen y el ritmo de las guitarras nos recuerda que no necesitamos ninguna educación. La rola sigue subiendo y subiendo y subiendo y subiendo mientras los niños se despojan de sus uniformes de esclavos y muestran playeras que rezan “RESIST”. Para cuando la rola termina, uno tiene que agarrar aire de la buena zarandeada sonora que te acaban de meter durante la última hora.

Entonces, Waters hace su primera interacción directa con el púbico para anunciar que se van a tomar 20 minutos de interludio antes de continuar. Abandona el escenario y en la pantalla aparecen mensajes de resistencia: contra Trump, contra Israel, contra Mark Zuckerberg y la censura en Internet.

Sí, sí, sí. A huevo. Está chida la resistencia (sobre todo la que cobra 2 mil pesos para formar parte de ella), pero a mí me prometieron un espectáculo como nunca he visto en mi vida y esto solo ha sido un poco de música (chingonsísima) y una pantallota. Nada que no encuentre en el Cinépolis de Plaza Galerías. ¿ESO ES TODO, ROGER?

Ay, carnal. Es que todo lo bueno se lo estaban guardando para la segunda parte.

De pronto, sobre la multitud comienzan a descender unas pantallas que poco a poco conforman la fábrica que hace las veces de la portada del Animals y nos quedamos embobados viéndolas mientras en las bocinas comienza a sonar Dogs.

El momento más teatral de la noche llega con Pigs (Three different ones)”. Roger tiene puesta una máscara de cerdo toma una pancarta que reza “Pigs Rule The World”. Nosotros nos volvemos locos. Luego toma otra y anuncia “Fuck the Pigs”. En todas las pantallas aparecen imágenes de Donald Trump transformado en cerdo, en un bebé llorón que reclama con una esquizofrénica guitarra de fondo. Un cerdo enorme aparece flotando y le da una vuelta a la arena.

A partir de aquí es un espectáculo indescriptible de luces y música mientras recorremos el repertorio de Pink Floyd con Money y Us and Them hasta llegar a la culminación visual de Brain Damage y Eclipse, con la pirámide de la portada de Dark Side of The Moon formándose con lásers frente a nosotros como en el más intensa de las aventuras lisérgicas.

La banda se va del escenario, pero sabemos que la cosa no ha terminado todavía. Nos quedamos esperando a que la banda regrese. Waters reaparece y nos informa que la siguiente canción “es para mamá”. Es imposible que no se te ponga la piel de gallina con Mother. Sin artificios, sin grandes espectáculos. Solo una guitarra y la voz de un chico confundido que no puede dejar de hacer preguntas.

El gran final llega con Comfortably numb. La banda, Roger y las miles de personas que estamos ahí somos una sola voz. Y suena:

There is no pain, you are receding

A distant ship smoke on the horizon

You are only coming through in waves

Your lips move but I can’t hear what you’re saying

When I was a child I had a fever

My hands felt just like two balloons

Now I’ve got that feeling once again

I can’t explain, you would not understand

This is not how I am

I have become comfortably numb

Luego llega el solo. Ese solo. El concierto termina. Y uno se queda sin palabras.

About Javier Armendáriz

Exiliado de Chihuahua. Lic. en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Aún no supera a Nirvana.
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