Rainier Fog, de Alice In Chains: el sonido de Seattle está viejo y herido, pero continúa rugiendo

El monte Rainier está ubicado a 95 kilómetros de la ciudad de Seattle. Nunca he estado en esa ciudad ni en ese monte, pero tengo en Facebook a alguien que estuvo ahí hace poco y subió fotografías. Lo que se observa es un magnífico paisaje de pinos, neblina y humedad. Es la esencia de lo que normalmente se asocia con los paisajes montañosos: la imponencia de pinos erguidos en un silencio abismal. Inviernos crudos y desprovistos de piedad pero de una belleza incuestionable. Una tranquilidad que esconde algo de hostil en su quietud. No es para menos: el monte Rainier también es uno de los volcanes más peligrosos del mundo. Es un riesgo de destrucción latente y continuo para la ciudad que nació y creció en sus alrededores. No es difícil encontrar similitudes con la música que nació en esa área y que, como un volcán, arrasó con el mundo.

Han pasado tres décadas desde que Alice In Chains inició su carrera. En ese tiempo, fueron parte de la última gran revolución musical del siglo pasado. Estuvieron en la cima de su creatividad y luego pasaron por una serie de baches que culminó con la muerte de su vocalista original, quien de paso fue uno de los íconos de esa generación. Eso pudo haber marcado el final de la banda. Exactamente la misma situación ha puesto fin al camino de varios de sus congéneres. No para la banda de Jerry Cantrell y compañía. Aunque hubo una larga temporada de silencio, eventualmente regresaron a los escenarios y emprendieron un más que digno segundo capítulo.

En sus inicios, AIC y compañía representaban a una juventud de músicos furiosa y frágil al mismo tiempo. Una juventud que de tan desorientada que estaba terminó por dirigir dicha furia contra sí mismos. Una furia que resonó con una gran cantidad de personas en el mundo en ese entonces y cuyos resultados son de sobra conocidos. Hoy, esta banda se ve a sí misma y por primera vez es completamente consciente de que son supervivientes. Rainier Fog, su sexto disco de estudio y el tercero de esta segunda etapa, es resultado de esta toma de consciente. No en vano está titulado a modo de homenaje a sus propias raíces. Sin embargo, no es un homenaje basado en la nostalgia o cubierto por el luto de la muerte que siempre ha perseguido a la escena de la que provienen. Nada de eso. Por el contrario, Alice In Chains nunca había sonado más en el presente, nunca habían sonado más vivos.

Pero es una banda de metal de la que estamos hablando. Y a este álbum no le faltan riffs poderosos como un bulldozer. Empieza potente con The one you know, que junto con So far under cuenta con ese sonido denso pero al mismo tiempo pulido con el que los de Seattle han conformado su carrera en este siglo. La canción que abre el disco se toma su tiempo para dejar que el peso de los riffs se sienta y eso la vuelve uno de los momentos más memorables del álbum, el cual girará en momentos posteriores por otros derroteros. Habrá algo de hard rock (Rainier Fog), un poco de thrash (esa guitarra al inicio de Deaf ears blind eyes) e incluso un saborcito a blues en “Drone”. Ojo con esa rola, es uno de los mejores momentos del disco.

Uno de los fuertes de Alice In Chains 2.0 es el momento tranqui con que cuenta cada álbum. En esta ocasión es Fly la que cumple el honor. Con letras como “And you’re gonna fall out / You’re gonna break down, choke and cry / Waiting out the storm when there ain’t no place to hide”, la rola es básicamente un manual de instrucciones en el que estos veranos ven el camino recorrido con un tono que, aunque tiene su dosis de oscuridad, cuenta con un aire de victoria que es refrescante en la voz de Cantrell y William DuVall diciéndonos que el camino no es fácil. Es jodidamente difícil con frecuencia. Pero vale la pena.

Otro gran momento llega con Never fade. Es aquí cuando queda claro que Alicia encadenada no se ha olvidado de quién es. Esta rola pudo haber formado parte del Facelift (1990) y no hubiera desentonado. Esta se va a volver un clásico.

Los años no han pasado en vano, no solo para Alice In Chains, sino para toda la escena en la que nacieron y de la que tristemente quedan cada vez menos exponentes. Cada vez que sale un nuevo disco de la vieja guardia de Seattle, no se puede dejar de sentir que puede ser el último. Eventualmente, lo será. Mientras llega ese día, Rainier Fog es un testamento de que el grunge está viejo y porta un montón de cicatrices, pero no está muerto.

9.0/10

About Javier Armendáriz

Exiliado de Chihuahua. Lic. en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Aún no supera a Nirvana.
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