Ordinary Corrupt Human Love, el disco donde Deafheaven juega bajo sus propias reglas

Quienquiera que esté familiarizado con Deafheaven sabe que se trata de una banda que, para bien o para mal, nunca ha seguido las reglas de la escena de la que forma parte. Demasiado violentos para los puristas del shoegaze y definitivamente más sentimentaloides de lo que los adeptos más ortodoxos al black metal pueden tolerar, estos sujetos de San Francisco llegaron para… ¿gentrificar el género? ¿Renovarlo? ¿Hacerlo pedazos?

Fue en 2013 con Sunbather que esta banda se puso bajo los reflectores con esa mezcla de vocales guturales y riffs que de alguna manera se las ingeniaban para ser salvajes y extrañamente vulnerables que se volvió su sello (aunque estuvieron lejos de inventarla) y algo así como el grupo insignia de la ola del blackgaze a principios de esta década. Muchos los tacharon de hipsters llorones indignos de formar parte de una escena que se caracteriza por ser poco flexible. Entonces New Bermuda (2015) llegó para demostrar que, si se lo proponían, las dosis de oscuridad en su música podían elevarse a nuevos niveles sin perder ese toque de sensibilidad. Lo cual nos trae al presente con Ordinary Corrupt Human Love. ¿Qué hay en este álbum? Más que nada, una declaración de principios: Deafheaven no es black metal. Deafheaven no es shoegaze. Deafheaven no es blackgaze. Deafheaven es Deafheaven y las categorizaciones son irrelevantes. Si antes les dieron la vuelta a las convenciones de un género, en esta ocasión las hacen pedazos, las reensamblan y crean una bestia nueva y diferente.

New Bermuda había apostado por explorar el territorio más tenebroso de su sonido, mientras que Ordinary Corrupt Human Love es el álbum más luminoso de la banda (es como si la banda se hubiera propuesto explorar a fondo las dos facetas que coexistían en Sunbather). El título, la portada y los colores que pueblan el sonido de este disco son producto de un clara propósito de alejarse de cualquier convencionalismo estético metalero. El disco está lleno de referencias literarias con no pocos matices sentimentales. El título es una referencia a Graham Greene y en las letras de las rolas hay alusiones a Julio Cortázar, por poner un par de ejemplos.

En cuanto al sonido, George Clarke y compañía apuestan por el disco más pulido de su carrera con riffs que se transforman en solos alegres y coloridos, casi como de pop adolescente, como si pertenecieran a alguna banda radio friendly de los ochenta o quizá al rock alternativo de la década pasada. You without end y Honeycomb son ejemplares de esta nueva dirección. Otros cortes como Glint y Worthless Animal retornan un poco a un estilo más “clásico” sin dejar de lado los nuevos ingredientes que se han incorporado para este álbum, como el piano, que hace apariciones para conducir las canciones hacia lugares más esperanzadores que de costumbre.

El disco llega a cojear un poco en ciertos momentos. Hay uno que otro experimento que no termina de cuajar por aquí y por allá. Night people, realizada en colaboración con Chelsea Wolfe es la pieza que más adolece de esto. Sus carácter gótico se siente como un eslabón un poco más abajo luego de haber escuchado ya la mayor parte del disco. Algo similar pasa con Near, que viene a servir como un interludio que rinde homenaje a Slowdive y que no lo hace mal, pero que podría haber llegado un poco más lejos que una imitación.

Más de una persona va a repudiar este trabajo desde los primeros acordes. Es el disco más arriesgado que Deaheaven ha hecho, y eso que se trata de una banda cuya apuesta ha sido el romper convenciones. Sin embargo, quien se acerque a él con una mente abierta encontrará una inesperada sensación de esperanza. Es como si la banda se hubiera propuesto agarrar una planta marchita y regarla y cantarle canciones de cuna hasta regresarle la vida y hacerla florecer. Ordinary Corrupt Human Love es esa flor poseedora de una atípica y en un principio desconcertante belleza.

Calificación:

9.2/10

About Javier Armendáriz

Exiliado de Chihuahua. Lic. en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Aún no supera a Nirvana.
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