Nothing But Thieves: el quinteto de Essex conquista Guadalajara

La banda británica no pudo tener un mejor debut en Guadalajara. Crédito: Ignacio Robles de Loza.

La fila a las afueras del Foro Independencia comenzó a formarse desde muy temprano: un público casi tan joven como entusiasmado que se presentó más que puntual al concierto de una de las bandas inglesas que mayor interés y expectativa han despertado durante los últimos meses. Tras lanzar su primer álbum homónimo en el año 2015, Nothing But Thieves se hizo presente durante el 2017 en los primeros lugares de los rankings musicales con su segundo disco Broken Machine, que actualmente mantiene a la banda en una extensa gira por Europa, Norteamérica y Australia que los trajo a Guadalajara este 17 de abril.

El espectáculo arrancó a las nueve de la noche con la presentación de DJ Nano y la banda tapatía WARS, quienes pusieron los ánimos para que, una hora con cuarenta minutos después, las más de quinientas personas reunidas en el Foro Independencia recibieran entre gritos y ovaciones al quinteto inglés. No es difícil entender el furor que Nothing But Thieves despierta entre su fiel fanbase: sin mayores pretensiones, la banda originaria de Essex tiene como carta de presentación un alt-rock accesible y lleno de energía que se amalgama en la poderosa voz de Conor Mason con letras que apelan al núcleo mismo del disconfort juvenil. Temas como Live like animals o I was just a kid sonaron como auténticos himnos de una generación tan despierta como desencantada.

La aún breve discografía de los ingleses permitió un setlist que supuso en realidad un completo recorrido por su trayectoria en el que apenas faltó nada y que tuvo a su público coreando durante las casi dos horas que duró la presentación con canciones como Particles o Trip switch. Wake up call, If I get high, Broken machine y Sorry ofrecieron algunos de los momentos más memorables del concierto, que el público celebró al mexicanísimo grito de “¡oé oé oé oé!” con un entusiasmo que los Nothing For Thieves supieron responder en una corta e improvisada interpretación de nuestro Cielito Lindo y unas cuantas palabras en español: “¿Una más? ¿Dos más? ¿Tres más?”.

Pero quizá el momento de mayor compenetración con un público ante el que se presentaban por primera vez fue cuando, al punto de la media noche, Mason detuvo el concierto con un pastel y una simple petición: que la concurrencia celebrara con ellos el cumpleaños del stage manager Stuart Dew entonando las mañanitas, porque —dijo— “we know it is tradition”. Y nosotros cumplimos.

La velada finalizó con el que sea quizá su tema más célebre hasta el momento: la poderosa Amsterdam, que al grito de “so I hit my head up against the wall!” sacudió por última vez al auditorio tapatío antes de que la banda se retirara finalmente. Pocos minutos después, afuera del Foro Independencia ya se congregaba una pequeña multitud esperando con discos, posters y camisetas la salida de los ingleses con la expectativa de conseguir un autógrafo, una selfie.

No es una exageración decir que el público de Nothing But Thieves es ante todo joven: entre el grupo de gente que esperaba a la banda en las puertas del Independencia se contaban varios adolescentes acompañados de sus padres, mientras unos metros más allá los asistentes más grandes esperaban agotados el Uber. “Sí me sentí muy ruco; están muy chavitos todos”, me dijo un chavo de veintipocos al que no alcancé a preguntarle el nombre. “Es mi primer concierto en la vida”, añadió uno de sus acompañantes, que remató, antes de abordar el Ford Fiesta: “Y sí estuvo muy chingón: la neta son un grupazo”.

WARS

About Omar Castañeda

CEO & Publisher. Escribo sobre música desde finales de la década de los noventa. Desde 2013 dirijo Sin Documentos MX y coordino el contenido editorial de la plataforma.
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