Nine Inch Nails toma un nuevo aire con ‘Bad Witch’

Trent Reznor se presentará en noviembre en la Ciudad de México. Crédito: Corinne Schiavone.

El proyecto de Trent Reznor se ganó un lugar en la Historia hace 24 años cuando se publicó su mejor trabajo: The Downward Spiral. Lo que ha venido después es, en su mayor parte, una prolongación de una banda que, sí, llegó para introducir el industrial a las grandes masas y tomar la batuta de la depresión expresada con sintetizadores que nació en los ochenta. Con esto no pretendo decir que la carrera de NIN es mala. Al contrario, me parece todo un regalo que Reznor, con todos sus demonios, no haya sucumbido en el abismo del rock noventero que a tantos buenos se ha llevado y en cambio tenga vigente el proyecto a casi tres décadas de su génesis.

Bad Witch llega como la conclusión a una trilogía de EP’s de la cual antes pudimos escuchar el potente Not The Actual Events (2016) y el no tan memorable Add Violence (2017). Estas placas cuentan con la novedad de Atticus Ross como miembro oficial de proyecto que antes fuera el bebé de únicamente Reznor, al menos en lo que al aspecto creativo se refiere. Con apenas media hora de duración, la producción es promovida por la banda como un LP, más que nada por razones comerciales. De cualquier manera, en plena era del streaming, estas distinciones ya no son tan relevantes (aunque los melómanos que coleccionan vinilos tendrán otra cosa que opinar). Hace unas semanas Kanye West sacó un disco de 23 minutos y esa fue precisamente una de sus virtudes. Dure lo que dure y se llame como se llame, lo que importa es que un conjunto de canciones funcione como tal.

Este nuevo título tiene la principal virtud de que muestra a NIN explorando terreno nuevo, cosa de agradecerse pues la producción de la banda ya comenzaba a dar muestras de agotamiento creativo con Hesitation Marks (2013). El principal mérito de Bad Witch es que muestra a una banda renovada y poseedora de unas energías que parecía que estaban a punto de perder.

Canciones como Shit mirror (un título completamente made in Reznor) y Ahead of ourselves anuncian el sonido abrasivo y un tanto más “clásico” en cuanto a lo que a estos tipos nos tienen acostumbrados, solo para dar un giro de ciento ochenta grados en su sección media con Play the goddamn Part y God break down the door. Aquí Reznor y Ross se adentran en el uso de metales y ritmos de jazz que definitivamente nunca habían utilizado antes y cuando lo hacen nos dan su trabajo más interesante en lo que va de esta década. Este par de tracks construye un ambiente sórdido y misterioso con reminiscencias del Blackstar de David Bowie. Se trata de un minisoundtrack de una extraña historia detectivesca que el escucha imagina cuando se sumerge en estas dos rolas.

La sección final del EP se declina por marcar atmósferas de disonancia. I’m not from this world y Over and out se dedican más bien a construir paisajes de disonancias inquietantes que remiten al trabajo que el dúo Reznor-Ross ha desarrollado en su faceta paralela de creadores de soundtracks para películas (el trabajo que realizaron para The Social Network y The Girl with The Dragon Tattoo son dos pedazos de bandas sonoras más que destacables y a los que de verdad vale la pena pegarles una oída).

Cuando uno termina de escuchar Bad Witch, lo primero que se siente es una sensación de desconcierto. Y es que los cambios de estilo y ritmo hacen que la experiencia sea sorprendentemente multifacética y se antoje más prolongada ­­-para bien- de lo que en realidad dura. Como cuando uno despierta y no está muy seguro de si tuvo una pesadilla.

No, no es uno de los mejores trabajos de NIN. Probablemente nunca volveremos a ver algo así. Pero Bad Witch demuestra que la banda aún tiene cosas para ofrecer y nuevas posibilidades para explorar. Y eso es más que suficiente.

Calificación:

8.0/10

About Javier Armendáriz

Exiliado de Chihuahua. Lic. en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Aún no supera a Nirvana.
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