Nathy Peluso en Foro Independencia: una princesa que eructe

La argentina conquistó al público reunido nada más al poner los pies sobre el entarimado. Crédito: Eduardo Vázquez.

Nathy y yo tenemos bastante en común: el gusto por la harina inflada en una pizza y su consistencia en una pasta cremosa. La desinhibición erótica de una mujer común que acepta su grasita y lo grotesco de toda falsa feminidad. Y estoy segura de que todas, y todos, los que la vimos este 18 de febrero en Foro Independencia gozamos, no sin admiración, el poder de la presencia escénica de Nathy Peluso.

Llegué pasadas las 8 pm, y luego de unos minutos de confusión logística, entré al espacio que aún lucía desierto en esa noche de domingo. El público se encontraba disperso cuando los teloneros Elha, Fosa, Astreet, Elo y Alegría llevaron su hip hop al escenario. De repente todos empezaron a correr sin razón aparente hacia donde mismo, entonces mi acompañante y yo, como es lógico, corrimos también sin razón aparente hacia donde mismo. Desembocamos en la parte más cercana al escenario. Los flecos, las coquetas doradas y las transparencias exigían la presencia de la argentina más guapachosa .

Alrededor de las 10 pm, La sandunguera, Da queen, The real reina, papi, La mismísima Nathy Peluso salió agitando el cuerpo tropical en bikini, minifalda y flores bicolores en el cabello recogido. Su voz de textura soul se impuso entre el público que gritaba desaforado. Los tacones amarillos se balanceaban por todo el escenario y las palmas bien abiertas apuntaban hacia nosotros: “¡gracias, mi gente!”, decía con una sonrisa y firmeza de artista escénica meets bailarina de ritmos latinos.

Textil, escamas fuera de mi cama. Soy un secreto. Dólar en rama, oliva y pistache. Tú non capisci. Menta y derroche. Yo clorofila, bruja esmeralda agria en tu coche.

Cúmulos de imágenes con plasticidad vibrante e intertextualidad tarantinesca hacían eco en el espacio.

Calentando esferas. Carácter húngaro con frío en las peras y en el pie un disparo. Palabras boreales. Tus rimas son esenciales y el mármol de la cocina frío. El canto de la sirena es mío, pa.

Cuando Nathy botó los “tacos” luego de interpretar algunas de las canciones que componen Esmeralda, un brillante knockout de poesía tan extravagante como las muecas de su autora, ninguno de nosotros nos imaginábamos semejante vuelta de tuerca. “¿Ya se cansaron? Porque el show apenas empieza” y yo le doy toda la razón… Sus movimientos dignos de una bailarina profesional como estoy segura que lo es (porque no es normal que a una le bailen las piernas con semejante gracia) nos dejaron boquiabiertos a todos.

“Tengo que decirles que yo soy una mujer romántica, mi gente”, mencionó con calidez antes de apropiarse del maravilloso bolero de Álvaro Carrillo, Sabor a mí. El oleaje emotivo subió en el ambiente, al igual que el de los celulares que registraron el momento. Otro de los grandes regalos inesperados de la noche nos llegó calientito y recién horneado: la canción inédita Gimme some pizza, la plegaria de una fatty girl clamando por ser alimentada con una buena ración de su comida favorita (<3 <3 <3).

Entre rapeos como pasos vigorosos, coreos como gritos entusiastas, Nathy fue ganándose una corona de harina y piedras preciosas por parte de su público, reducido pero “de los mejores en la gira” según mencionó. Cuando menos lo esperamos dieron las 11 y el encanto de esa anti-cenicienta que rapea por muchas de nosotras se había terminado. Sólo quedaba una imagen congelada como rastro de la zapatilla que aventó para bailar más sabroso: Nathy Peluso con lengua de fuera, ojos desorbitados y su pose sandunguera.

Nathy Peluso en Foro Independencia

About Omar Castañeda

CEO & Publisher. Escribo sobre música desde finales de la década de los noventa. Desde 2013 dirijo Sin Documentos MX y coordino el contenido editorial de la plataforma.
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