Milky Chance: la chispa que no se apagó

Fotos: Ignacio Robles de Loza.

En una era regida por la fugacidad intrínsica a las plataformas digitales, fenómenos como Stolen dance son moneda corriente. El video lanzado por los alemanes Milky Chance en abril del 2013 se volvió viral en pocas semanas, catapultando el primer sencillo del entonces dúo a las primeras posiciones de los rankings internacionales y acumulando hasta el momento más de 340 millones de reproducciones en YouTube. Pero Clemens Rehbein y Philipp Dausch sabían que tras un ascenso tan vertiginoso existe siempre el riesgo de la caída. La chispa que prende fácil, igual de fácil se apaga. Negándose a ocupar un sitio más en la lista de one hit wonders de la década, sumaron en el 2015 a Antonio Greger a la alineación y se prepararon para lanzar el año pasado su segundo LP: Blossom, cuya gira promocional los trajo por primera vez a México esta semana con cuatro fechas en CDMX, Guadalajara y Monterrey.

En la capital jalisciense, el ánimo del público se dejó notar en un C3 Stage totalmente abarrotado la noche del 5 de abril desde que los locales WARS dieron por inaugurada la velada al punto de las ocho, seguidos por los también tapatíos AveParadiso. O quizá incluso antes de que abrieran las puertas, en la fila de fans sonrientes y expectantes que rodeaba la cuadra entre los vendedores de mercancía no oficial instalados a las afueras del recinto. De cualquier manera, veinte minutos antes de las diez de la noche la banda alemana fue recibida por un auditorio completamente eufórico que no pudo sino ver superadas sus expectativas. Más que un concierto, Milky Chance nos regaló una verdadera fiesta.

La presentación arrancó con temas de su más reciente material, en los que las percusiones a cargo de Dausch y de Sebastian Schmidt —quien desde la batería acompaña a la banda en sus tours— fueron las directas responsables de ponernos a bailar en medio de los solos de armónica de Greger y la voz rasposa de Rehbein, sello ya distintivo del sonido de los alemanes. Si Clouds sentó el precedente, Blossom y Doing good tiraron la casa por la ventana. Entre las nuevas canciones se dejaron escuchar algunos de los temas emblemáticos del álbum debut Sadnecessary, que permitieron percibir la evolución de la banda desde que aquel primer video se popularizara, y a los que sin embargo supieron imprimir una energía renovada y una ejecución mucho más rica en colores, más acorde al tono de su última producción. Flashed junk mind y Down by the river jamás habían sonado tan potentes.

Provocadores, si hay que elegir un adjetivo que los defina. Teasers. Schmidt abandonaba el escenario para dejarse tocar a través de la valla de contención, mientras Rehbein bailaba, sonreía y guiñaba al público desde el lado derecho del escenario y Dausch abandonaba las percusiones para ejecutar algo muy parecido al perreo más intenso. Quien haya dicho que los alemanes eran fríos se retractaría inmediatamente al verlos arriba de un escenario. Durante la hora y media que duró la presentación, los integrantes de Milky Chance jamás dejaron de interactuar con su audiencia. Entre canciones, Clemens se veía incluso sorprendido de su propio éxito al externar, alternando un español más bien tímido con el inglés, su agradecimiento por la recepción que les dio el público tapatío y el cariño que México les merece ya desde su primera visita.

Tras una breve pausa casi imperceptible en medio de la ovación general, el encore comenzó —como no podía ser de otra manera— con la ya icónica Stolen dance: la voz de Rehbein apenas audible entre las de cientos de personas cantando al unísono a ese ritmo pegadizo y sencillo que hace cinco años les abrió las puertas al panorama internacional. Quizá haya sido esa su máxima provocación. Su éxito más emblemático sonó como una especie de guiño cómplice, como un último gesto de agradecimiento antes de cerrar definitivamente la noche con Sweet Sun y de que el público se retirara sudoroso, cansado, satisfecho. Su canción más popular hasta el momento sonó no tanto como un esperado plato principal, sino como un pequeño homenaje a los orígenes y al mismo tiempo, tras una presentación que no palideció ni por un solo momento, como una declaración de principios: la chispa que se encendió hace cinco años jamás se apagó.

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