‘Lush’, la prueba del precoz talento de Snail Mail

Ah, la adolescencia. Esa época donde todo es más grande que la vida misma. Las cosas buenas provocan que uno se eleve hasta el éxtasis y cualquier contratiempo es una afrenta de un Dios carente de cualquier piedad. Las emociones, las experiencias son tantas que uno se ve en la necesidad de desahogar tanta energía de alguna forma. Todas esas cosas que necesitan ser dichas encuentran su camino a través de una página en blanco, de una guitarra, de un lienzo y, las más de las veces, el resultado es un vergonzoso ejercicio de catarsis que si acaso le saca a uno una sonrisa apenada unos años después.

En ocasiones los adultos recrean la adolescencia en alguna canción, algún libro, alguna película. Sin embargo, esto siempre suele venir acompañado de un velo de nostalgia o, peor aún, de la más absoluta incomprensión del mundo adolescente, que puede ser tan radicalmente distinto al adulto. Es normal, ha pasado mucho tiempo, la gente se vuelve la autoridad contra la que se rebeló alguna vez.

No obstante, en ocasiones se deja ver el chico que muestra una precocidad habilidad para desenvolverse en el plano creativo. Chicos que ofrecen un verdadero vistazo al drama juvenil tal como es en ese momento. Y cuando eso sucede, el resultado suele ser un maravilloso torbellino. Ese es exactamente el caso de Lindsay Jordan, el corazón y mente detrás de Snail Mail y su primer larga duración: Lush. Jordan ya había realizado su debut de forma exitosa en 2016 con su EP Habit, pero en Lush, la chica se establece sin lugar a dudas como una de las mejores voces juveniles de estos tiempos. Se trata de un álbum que está tan bien hecho que parece realizado por alguien con mucha más experiencia de la que Jordan tiene, pero al mismo tiempo la voz que resuena en todo el día es tan típicamente adolescente que no hay manera de que el disco no haya sido escrito por alguien que o está pasando por lo que está hablando el disco o el recuerdo aun está fresquísimo. Y solamente por eso Lush ya es un discazo: la pasión juvenil está ahí, pero no está fuera de control, volviéndose un vergonzoso ejemplo de catarsis sin procesar. La secuencia de las rolas, la mesura del contenido de cada track revelan a Jordan como precoz poseedora de habilidades como compositora.

Lush comienza con un intro en el que revela sus intenciones de perdonar algo o alguien. A partir de ahí escuchar el disco es como hojear el diario de una adolescente particularmente inteligente, bastante consciente de sí misma, pero confundida porque, hey, de eso se trata ser tan joven. A pesar de no tener un arco narrativo evidente, Lush da la impresión de ser una carta que relata el drama muy en específico. Con una guitarra que recuerda en cierta forma a Thurston Moore, llega Pristine, que viene a realizar una parodia de un melodrama amoroso y lo vergonzoso de la situación que puede ser para sus protagonistas: “Don’t you like me for me?” pregunta Jordan de manera sardónica quizá burlándose de sí misma, y esto es la primera señal de lo increíblemente lúcida que es esta chica.

La coraza de burla cae en Speaking terms y Jordan se permite ser un poco más vulnerable o hablar de esa mezcla de tedio / desborde pasional / indiferencia juvenil presente en Heat wave, una de las mejores canciones del álbum. Esta tiene todas las virtudes que aparecen en todo el disco: no hay intelectualismo juvenil, solo la emoción vivida en el presente, plasmada con una honestidad tan simple que convierte a las canciones en confesiones limpias como un hueso al descubierto.

Las vocales de Jordan van de aquí para acá jugando con extensiones, cortes y pausas que le dan un toque lúdico a las canciones y las letras exhiben momentos de gran habilidad al permitirse ser sugerentes y no plantear la situación que Jordan tiene en la cabeza de manera clara y plana. Un ejemplo es Stick que aunque nunca lo dice, parece sugerir la confusión posterior a un encuentro sexual. O Golden dream, que con líneas como “God around your neck, though he never did too much for you” prueban el talento de Jordan en las letras. Anytime, el track encargado de cerrar el álbum, también es potente en este aspecto:

And I’m not in love with your absence

‘Cause I have fallen so hard for the space

And I’ve gotten to know the quiet and still forgive you anytime

Still forgive anytime

And still forgive anytime

 

Con Anytime, Jordan cierra el ciclo abierto en el intro del álbum y, una vez que la canción se ha terminado, Jordan ha sido patética, aburrida, vulnerable, reflexiva, confundida, rencorosa y, al final, hasta un poco zen. Uno siente que la conoce un tantito mejor después de haber escuchado Lush al completo, un disco que captura a la perfección lo que es ser adolescente en 2018 sin caer en el lugar común y que señala a Snail Mail como una banda con potencial que ojalá sepa capturar con este éxito las próximas etapas por las que atraviese su compositora.

Calificación

9.0/10

About Javier Armendáriz

Exiliado de Chihuahua. Lic. en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Aún no supera a Nirvana.
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