Lo que sonó en 2017

Hacer una lista con los mejores discos del año siempre es un ejercicio fútil. No importa si es una lista de diez, veinte o cien discos, siempre hay algo que se queda afuera, ya sea por omisión o porque siempre hay joyitas cuya existencia escapan al radar personal. Aun así, siempre hay álbumes que, de una manera u otra, se vuelven la banda sonora del año, sea por su impacto cultural, sea por su resonancia personal. Son los discos que uno escuchará durante un largo tiempo, cuando se vuelvan clásicos con el paso del tiempo. O aquellos que uno olvidará y volverá a encontrar en el futuro, acompañados del recuerdo de una época, de una actitud, de una experiencia. Más allá de proponer qué fue lo mejor que se produjo en este 2017 —una vuelta alrededor del sol que fue de lo más fructífera—, aquí está lo que este año llegó para quedarse en el playlist de quien escribe estas líneas.

Varios Artistas - Twin Peaks: Music from the Limited Event Series 

Hay soundtracks que funcionan como grandes álbumes por sí mismos más allá de complementar una narrativa audiovisual. El regreso de la mítica Twin Peaks supuso para unos una nueva revolución a lo que se puede hacer en televisión de la mano, una vez más, de David Lynch y Mark Frost, quienes repitieron la hazaña lograda hace más de dos décadas. Para otro fue el timo más grande que se haya ejecutado jamás en la pantalla de nuestras televisiones. Más allá de esto, el aspecto sonoro siempre es protagonista en el trabajo de Lynch y los números musicales que cerraron la mayoría de los capítulos de la serie fueron una de las delicias de estos últimos meses. ¿Cómo no va a ser legendario una placa que reúne nombres de la talla de NIN, Chromatics, ZZ Top y Julee Cruise y los engloba en una narrativa llena de misterios y atmósferas que van de lo dulce a lo macabro con la habilidad de un artista de circo? Solamente Out of sand, de Eddie Vedder ya hace que este disco valga la pena. Es una de las piezas más melancólicas que el vocalista de Pearl Jam ha escrito y que funcionó a la perfección cuando se nos dieron pistas sobre el trágico destino de uno de los personajes de la serie original. Eso sin dejar fuera la salvaje She’s gone away, de Trent Reznor y compañía, o la dulcísima No stars, de Rebekah del Río. Una serie de pistas que funcionan a la perfección cuando uno viaja a la habitación roja.

Courtney Barnett & Kurt Vile - Lotta Sea Lice

La mancuerna que hacen estos dos modernos héroes de la guitarra funciona a la perfección, algo que no se logra siempre cuando se trata de álbumes colaborativos. La química entre Barnett y Vile se antoja que va más allá de lo musical. Parece que tienen una conexión casi espiritual, lo que permite que nos ofrezca un álbum relajado que va sobre lo agradable que es tener en la música una forma de expresión y un buen amigo con la cual compartir dicha vía de escape. Escuchar Lotta Sea Lice es como levantarse un domingo por la mañana y no estar crudo y sentir que todo está bien. No se puede escuchar Continental breakfast y tener un mal día. Uno inevitablemente siente que está pasando una agradable tarde en casa en compañía de los suyos, entre risas y bromas compartidas.

Kendrick Lamar - Damn

No soy un gran escucha de hip-hop, pero las habilidades de Lamar para darle un giro de tuerca al género son tan evidentes que es imposible no prestar atención en cada ocasión que el rapero lanza algo nuevo. Un álbum que quizá no sea tan cohesivo como su magnífico To Pimp a Butterfly ni tan experimental como Untitled Unmastered. Aquí Lamar parece enfocarse en cada pista por separado, buscando que cada una pueda sostenerse por sí misma de forma independiente a las demás. Lamar apuesta por un álbum que es quizá convencional en cuanto a estructura, pero que termina volviéndose una colección de alarde de sus habilidades. En serio, ¿cuántas sílabas puede acomodar este sujeto en un solo verso? Mención especial para DNA, una potente rola de autoafirmación en donde cada palabra pega como bala de metralleta.

 Bully - Losing

En los últimos años, pareciera que las morras fueron las que decidieron tomar la antorcha en los que a rolas con rasgueos de guitarra y canciones sobre estar triste y encabronado se refiere. Bully es uno de los mejores ejemplos que hay de esto (aunque no andan solas, como lo demuestran otras agrupaciones como Slothrust y Wolf Alice). Aprovechando un rompimiento sentimental, la frontwoman Alicia Bognanno entrega un álbum intimista en concordancia con la tradición del grunge noventero (muy apropiado que este sea su primer disco bajo el mítico sello de Sub-Pop). Un disco confundido, como la situación emocional que Bognanno aborda a lo largo de los 12 cortes que lo componen. Aún hay sitio para el grunge en el siglo XXI.

Julien Baker - Turn Out the Lights

La cosa con Julien Baker es que sus composiciones alcanzan un grado de verosimilitud que en ocasiones es tan catártico que puede llegar a ser demasiado doloroso. Sabido públicamente, Baker sufre de depresión y las batallas consigo mismo quedan documentadas en su discografía. Esto no es solo alguien que está pasando un mal rato, sino que de verdad baila al borde del abismo. Turn Out the Lights es visceral y oscuro, frágil y crudo. Una travesía por un mar de aguas turbulentas llenas de monstruos bajo la superficie que en ocasiones salen al ataque y se reflejan en el disco en auténticos aullidos de desesperación.

Crystal Fairy – Criystal Fairy

Los supergrupos por lo normal dan flojera. Juntar las mejores partes de otras bandas y coserlas en ocasiones hace que el resultado sea, o un exceso de vigor en el que las habilidades de sus miembros se ahogan entre ellas y la música se vuelve empalagosa por la falta de equilibrio, o un quejido a medias en donde los diferentes elementos nunca terminan por ensamblar. No es el caso del debut de Crystal Fairy, compuesto por King Buzzo y Dale Crover de Melvins junto con Omar Rodríguez López y Teri Gender Bender de At The Drive-In y Le Bucherettes, respectivamente. ¿El resultado? La mejor colección de riffs y solos que se pudo encontrar este año, una Teri Gender Bender más salvaje que de costumbre en su banda y el siempre sólido golpeteo de Crover. Un conjunto que sí es mayor a la suma de sus partes.

Wolf Alice – Visions of a Life

Estos ingleses son una de las mejores propuestas que hay hoy en día allá afuera. Visions of a Life es un triunfo que logra demostrar que fueron capaces de sobrevivir a la dura prueba del segundo disco, más aún después del tremendo My Love is Cool. El disco peca de ser muy poco cohesionado en ocasiones, pero ofrece a cambio piezas individuales de gran calibre. Probablemente nunca han sido más agresivos que en Yuk Foo o más agridulces que en Don’t Delete the Kisses. Tal vez Wolf Alice sufre una ligera crisis de identidad en este disco, como se nota por lo caótico que puede llegar a parecer, pero también da la impresión de que salieron del otro lado triunfales.

Dua Lipa – Dua Lipa

El álbum más accesible de esta lista. New Rules está sonando justo ahorita en el bar de la esquina, en el radio del Uber, en la casa de tu abuelita. Yo me hice admirador a punta de escucharla casi a diario en el transporte público. Cuando uno llega al álbum completo, se encuentra con una serie de temas pegajosos, bailables, adictivos (el “mwah” de Blow Your Mind se queda pegado en la cabeza como una droga). Dua Lipa toma las formas del típico álbum pop destinado a ser el éxito del verano y construye una oda al empoderamiento femenino que, además, es divertidísimo de cantar cuando estás borracho. O en el baño. O mientras cocinas. O todo el día.

St. Vincent – MASSEDUCTION

Con cada álbum, pareciera que Annie Clark se pone el listón un poco más arriba. Su discrografía ha sido un ascendente prácticamente constante. Según ese ritmo, MASSEDUCTION solo podía ser o una obra maestra o una estrepitosa caída. Y gracias a la deidad de tu elección es lo primero. El mejor álbum de St. Vicent, plagado de ácidos sintetizadores (la guitarra en esta ocasión pasa a segundo plano, encargada de dar solo los toques finales a las canciones), MASSEDUCTION parece una obra distópica que al final del día habla sobre la realidad en que vivimos. St. Vincent afronta viejas amistades, ausencia de antiguos amores, la fármaco dependencia y otros temas en un álbum que parece una radiografía de siglo XXI de la posmodernidad.

Lorde - Melodrama

Hay discos que, más que eso, son un acontecimiento. Discos que capturan algo del momento en que son producidos, de la generación que lo escucha, de la vida misma. Melodrama es tal vez el disco definitivo sobre ser un veinteañero sacado de pedo en 2017. Algo que hace la música de Lorde interesante es que parece construir una narrativa paralela al desarrollo personal de la autora. Dejando atrás la autosuficiencia adolescente de Pure Heroine, ahora tenemos la historia de una mujer joven que es un desastre. Green Light y Homemade Dynamite son el éxtasis de la noche, Hard Feelings/Loveless y The Louvre son la nostalgia, el cinismo, la melancolía tras un corazón roto. Perfect Places es la aceptación en la calma después de la tormenta. Melodrama es contradicción encapsulada y envuelta en un nuevo horizonte musical para la artista: un ritmo de piano que igual puede ser desolador como redentor, momentos que rozan el shoegaze, sintetizadores que remiten al disco de hace tres décadas. Ella Yelich-O’Connor toma su propia vida y más allá de dejarse ahogar por esta, la convierte en arte con una habilidad que es sorprendente para su edad. Ah, podría pasar horas hablando de por qué este disco es lo mejor que escuché este año, pero es mejor resumirlo con un gesto: a veces no queda más que hacer una reverencia ante la Reina.

About Omar Castañeda

CEO & Publisher. Escribo sobre música desde finales de la década de los noventa. Desde 2013 dirijo Sin Documentos MX y coordino el contenido editorial de la revista. Twitter: @OmCastan

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Captcha numérico * Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.