La noche tapatía vibra con la música de New Candys

Fotos: Omar Castañeda.

La Zona Metropolitana de Guadalajara tiene algo más de cinco millones de habitantes. En plena era de la información, pareciera que hay pocas cosas que todas estas personas puedan hacer que tenga el más mínimo aura de misterio. No es necesario quebrarse la cabeza para darse un panorama más o menos bien ubicado de qué les gusta hacer a los tapatíos con su tiempo libre. Futbol, lucha libre, bares, antros, restaurantes y un largo etcétera.

Y música. No nos olvidemos de la música.

Contamos con un par de lugares apropiados para armar un buen festival, foros lo suficientemente amplios para albergar a esos actos que atraen a un montón de personas y un puñado de escenarios donde, desde hace algunos años, la ciudad alberga una escena alternativa que cada vez se vuelve más y más activa e interesante. Un ejemplo claro de ello fue la presentación que New Candys dio el pasado domingo en el Hotel Fénix de la mano de Fi-Lo Records.

La localización me pareció extraña, la verdad nunca había asistido a un concierto en este hotel, que dicho sea de paso lleva ya un rato dando batalla albergando diferentes tipos de eventos culturales. Tampoco había escuchado hablar antes de esta banda. En el lugar no nos congregamos ni un centenar de personas. Todo esto daría a pensar que se trató de un concierto de baja calidad. Y es exactamente eso lo que permitió que la noche culminara en una sorpresa de reverberación eléctrica que demuestra lo bien que saben hacer su trabajo este cuarteto de italianos y lo chingón que es el momento por el que está pasando la escena musical en esta ciudad.

Éramos apenas un puñado de personas en el lugar cuando PHI se encargó de inaugurar la noche. Este proyecto tapatío dio una grata sorpresa con su propuesta poco usual: prolongados loops fantasmales acompañados de unas vocales solemnes que remiten a un canto gregoriano. Su presentación fue en constante ascenso al abrir tan solo con una guitarra acústica e incorporar posteriormente a los miembros de la banda al completo para viajar hasta una cumbre donde una tormenta de música nos hizo reventar los tímpanos. Los pocos que estábamos de pie frente al escenario nos limitábamos a observar cómo esta banda agarra a la noche, le exprime el misterio y lo escupe a través de sus instrumentos en forma de una música que recuerda un poco a Sunn O))) pero sin llegar a ser —ni pretender serlo— tan pesados.

Ya éramos algunas docenas de personas cuando, más entrada la noche, Macedonia nos puso a bailar con sus sintetizadores minimalistas que gritaban 80’s por todos lados. Se trata de un proyecto conformado únicamente por Joe Salone y sus sintetizadores, quien nos reunió a su alrededor y nos hizo agitarnos lentamente en la oscuridad como si fuéramos una legión de zombies.

Pasadas las 11:00 de la noche fue cuando New Candys tomó el escenario. Baste decir que los italianos no la tuvieron fácil. A pesar de entrar con todo con su propuesta claramente inspirada en The Velvet Underground y el post-punk del siglo pasado, apenas a la tercera rola de su set se hicieron presentes los problemas técnicos que plagarían la noche. Las vocales de Fernando Nuti fueron prácticamente imperceptibles durante la sección inicial de su presentación. A la no precisamente idónea acústica del salón se sumó que el micro era consumido entre los instrumentos que, eso sí, reventaban como volcanes. De la misma forma, entre rola y rola los miembros de la banda no cesaban de dar hacer señales pidiendo cambios en la ecualización con gestos un tanto frustrados. Los problemas técnicos continuarían hasta el punto de que el sonido se cayó a pedazos hacia la mitad del set, suspendiéndose el concierto durante unos minutos en lo que se encontraba una solución y haciendo que más de uno entre el público pensara que ya todo había valido madre.

Afortunadamente no fue así y fue precisamente luego de que se corrigieran los problemas que New Candys se plantó en el escenario y salvó la noche. La segunda mitad del set fue un salvaje río de reverberación cuya corriente nos arrastró a todos.

Mención especial para el trabajo de Diego Mengaldo, guitarra solista de la banda. Es gracias a él que el grupo se escucha con tanto músculo y también el que se muestra más enérgico en el escenario. Sus avorazados rasgueos expulsan ritmos que de repente tienen un sabor medio a rockabilly y en ocasiones se lanzan de cabeza a la psicodelia pura y dura. El área frente al escenario se volvió una pista de baile a la cual el guitarrista no dudó en unirse durante el encoré, bailando con su guitarra y yendo de acá para acá entre las siluetas de las chicas que se dejaron llevar por la música en la parte delantera.

La presentación concluyó con una niebla de feedback que el propio Mengaldo se encargó de asesinar de un pisotón a uno de sus pedales, poniéndole fin al concierto y dejándonos a nosotros responder que un aplauso que ni se pudo escuchar de lo aturdidos que estábamos luego de haber sido golpeados por la música de estos tipos.

Abandoné el Hotel Fénix satisfecho de haber visto a una tremenda banda rifarse con una gran presentación a pesar de encontrar tantos obstáculos y contento de saber que este tipo de conciertos está sucediendo en la ciudad, fuera de los lugares típicos y lejos del hacinamiento que provocan los boletos sobrevendidos. Hay un montón de música en Guadalajara, ya sea de la mano local o importada. Alguna está a plena vista y otra más está escondida entre las calles cuando cae la noche. La presentación de New Candys solo es una prueba más de que para escuchar música en vivo en esta ciudad es un momento estupendo.

About Omar Castañeda

CEO & Publisher. Escribo sobre música desde finales de la década de los noventa. Desde 2013 dirijo Sin Documentos MX y coordino el contenido editorial de la revista. Twitter: @OmCastan

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