King Dude: a través de los abismos del corazón humano

El músico estadounidense durante su concierto en GDL. Crédito: Christian Ferenc.

TJ Cowgill está sentado en una mesa del café Palíndromo. Fuma un cigarro mientras discute con un miembro de su banda, asiente cada cierto tiempo mientras su compañero continúa hablando, responde a los comentarios con gesto de tranquilidad que sugiere que, sea lo que sea de lo que estén conversando, las cosas están bajo control. Aplasta la colilla de su tabaco y me propone que realicemos la entrevista escaleras arriba, lejos del ruido que provoca la prueba de sonido antes de la presentación de esa noche.

Subimos y entramos al backstage. La mente detrás de King Dude me ofrece una cerveza. Tomamos asiento, abrimos las latas con un chasquido y comenzamos a hablar.

La placa más reciente que King Dude ha publicado tiene por título Sex (2016) y forma parte de un arco temático de lo que hasta ahora es una trilogía completada por Love (2011) y Fear (2014). “Hay una relación entre estos tres temas: forman parte de nuestra naturaleza. Lo que me interesa es explorar la experiencia humana: puede ser el amor, el miedo, puede ser el sexo. Estas cosas afectan muchas decisiones que tomamos día con día”, explica mirándome con sus penetrantes ojos azules antes de darle un trago a su cerveza.

Estos tres álbumes, además de otros varios títulos que conforman su discografía ofrecen un sonido oscuro en un área limítrofe donde convergen folk, gótico y punk para dar como resultado composiciones que narran historias de obsesiones sexuales, relaciones amorosas mal encaminadas y otras narraciones similares, todas con cierto tono escabroso como punto de encuentro. Escuchar la música de King Dude, es conjurar en la cabeza historias ubicadas en carreteras oscuras en medio de parajes desolados, calles opacas apenas iluminadas por anuncios de neón, iglesias en penumbra.

“Es una conversación que hay que tener. Yo solamente estoy tratando de hacer mi pequeña contribución en el diálogo”, profundiza sobre la temática de sus álbumes. “No tengo ninguna luz ni pretendo ofrecer algún tipo de lección moral. Me limito a explorar como cualquier otro lo haría. Así es la condición humana y tenemos que pasar por estas cosas. Es lo que somos: personas con deseos y miedos pero también que buscamos crecer, ser mejores. Y todos estos temas se relacionan: el amor y el miedo pueden ser vistos como dos caras de la misma moneda. Hay aspectos positivos en el miedo y aspectos negativos en el amor. Y el sexo de alguna manera lo une todo”.

Sexo. Un tema complejo, sin duda alguna. Un acto biológico que hemos complejizado al punto de llevarlo mucho más allá del acto físico, que juega un papel de gran importancia en muchos aspectos de nuestras vidas. Un tema importante que Cowgill considera que es de gran importancia abordar.

“El sexo es algo con lo que todos tenemos que lidiar. Llegas a la pubertad y eres sexualizado, pero también te vuelves un ser sexual. Y eso lo hace la naturaleza, no es algo en lo que tú puedas decidir. Tu cuerpo cambia literalmente, es un proceso muy intenso. Algunos podrán llamarlo drama, pero es una experiencia que todo mundo tiene. Y eso es algo que cualquier cultura necesita discutir”.

“Creo que es muy necesario hablar abiertamente sobre sexo, de una forma saludable, de una forma que no haga sentir a la gente avergonzada. Obviamente llega un momento en el cual tienes que considerar también lo moral. Cuando las personas se hacen daño unas a otras, ahí es cuando entra la moral. Por ejemplo, me molesta mucho cuando los conservadores tratan de comparar la homosexualidad con la bestialidad o la pedofilia. No es lo mismo. Puede que no te guste, pero hay dos adultos dando su consentimiento. Creo que es muy importante hablar de estas cosas de forma abierta, sin tratar de ofendernos tan fácilmente, siendo racionales. Me gusta pensar que nos estamos acercando a eso”.

El ambicioso proyecto de Cowgill de sumergirse en estos aspectos que moldean “cómo somos y cómo nos relacionamos con lo que está a nuestro alrededor” aun no se encuentra concluido, pues la intención es que el resultado final sea una tetralogía musical, con un último álbum planeado para ser lanzado en el futuro. Cuando le pregunto cuál será el concepto del cierre a este ciclo, se niega a dar un detalle alguno.

El arco temático que King Dude trabaja desde hace casi una década no abarca toda su producción discográfica. Entre las publicaciones de las placas que conforman la tetralogía también ha habido espacio para otros títulos como Burning Daylight (2012) y Songs of Flesh & Blood (2015), además de colaboraciones con Chelsea Wolfe y Julee Cruise. Por si fuera poco, Cowgill afirma encontrarse a punto de terminar otro disco que publicará antes de concluir la tetralogía.

“Eso me permite descansar y al mismo tiempo permanecer siendo creativo. Puedo trabajar luego de haber meditado muy bien lo que voy a hacer. Creo que sería muy difícil para cualquiera tratar de hacer cuatro discos consecutivos unidos temáticamente sin tomar un descanso. Terminaría completamente desorientado. Para mí es muy importante trabajar en otras cosas que permiten detenerme a ver en qué otras cosas he estado pensando últimamente, qué otras cosas tengo que decir”.

Las cosas que Cowgill tiene para decir encuentran su expresión en forma de canciones que, en medio de los teclados, guitarras y su voz rasposa, presentan historias que reflejan sus inquietudes en uno u otro tema. Sus propias preguntas se transforman en historias que luego pasan a volverse música.

“Cada canción es diferente. No hay una manera definida que use para crear una canción. Escribir desde un punto de vista muy personal no me parece lo mejor. Creo que debe haber un poco de ti y un poco del personaje, pero lo más importante es tratar de escribir desde el entendimiento. Puede que sea algo que yo no siento o que no haría, pero trato de comprenderlo mientras hablo al respecto. Y eso no se limita a la música, sino a contar historias en general. Odio cuando en una historia no puedo comprender al otro, lo que lo mueve. Lo que me gusta y lo que busco es un entendimiento de los sentimientos y los motivos de todos los personajes antes de contar su historia”.

A pesar de que su trabajo suele ser catalogado como southern gothic, Cowgill rechaza por completo la idea de colocar una etiqueta a lo que hace King Dude. “Voy a donde la canción me lleve. Creo que sería mucho más difícil para mí tratar de trabajar dentro de un estilo determinado. Lo importante es el espíritu que sale de mí y que termina formando parte de la canción. Eso es lo peor que puedes hacer si quieres hacer música: poner un paradigma o un filtro dentro del cual trabajar. No quiero ningún filtro, quiero averiguar por mí mismo cuál es mi sonido, quiero sentirlo. Por supuesto que puedes elegir el estilo que quieras y quedarte ahí. Pero entonces eres un personaje, un actor. Yo no quiero ser un actor. Prefiero que la música se defina a sí misma. La canción, el sonido debe transformarse en lo que quiera, no en lo que tú le impones. Algunas veces me dicen que soy un músico de southern gothic, pero yo no me siento así. También me gusta escribir otra clase de canciones. Mi banda favorita es Abba. No siento que esté haciendo el mejor tipo de música en el mundo; eso ya lo hizo Abba”.

About Omar Castañeda

CEO & Publisher. Escribo sobre música desde finales de la década de los noventa. Desde 2013 dirijo Sin Documentos MX y coordino el contenido editorial de la revista. Twitter: @OmCastan