Kakkmaddafakka: cómo hacer el amor con música

La banda noruega presentó en GDL sus nuevas canciones. Fotos: Ignacio Robles de Loza.

Uno de los aspectos más importantes de una banda es qué tan bien se pueden desarrollar una vez que están sobre un escenario, ya sea apenas con un puñado de personas observándolos o enfrente de una multitud de miles. Esto tiene un peso aun mayor hoy, en plena era del streaming. Cualquiera puede acceder a una cantidad exorbitante de música, así que la competencia por sonar en los audífonos y bocinas de la gente es encarnizada. Ya no digamos permanecer en la memoria colectiva, ya no digamos que un artista o álbum en cuestión alcance reproducciones múltiples durante una larga temporada. Los músicos allá afuera tienen que crear material de verdad bueno si quieren quedarse en las listas de reproducción, si quieren atraer a la gente a sus espectáculos. No obstante, escuchar un álbum, con las facilidades actuales, es una invitación, un flirteo. Es en el show en vivo cuando se cierra el trato.

Y Kakkmaddafakka lo hace como pocos.

KAKK-IRdL11

Es como si la banda tuviera un acuerdo tácito con todo aquel que se presente para verlos: no importa qué traigas en la cabeza, no vas a salir de aquí sin haberla pasado poca madre.

A pesar de tenernos esperando una hora para salir al escenario (probablemente el espectáculo de Disidente en la planta alta del C3 Stage tuvo algo que ver con la espera), cuando comienza a sonar el intro circense que anuncia el inicio del show deja claro para dónde van a ir los tiros: tenemos enfrente a una banda que se apodera del escenario desde el primer instante. Los hermanos Vindenes y compañía aparecen de uno en uno con un salto y un bailecito antes de ocupar sus posiciones. Inician el show con Touching y Neighborhood y la noche ya está en un punto climático que va a permanecer así durante la casi hora y media de música. No habrá relleno, no habrá una sola rola al menos un poco aburrida para darse una escapadita al baño. Estos sujetos van a hacer contar cada segundo sobre el escenario.

We have many sides but our favorite side is the party side. We love the party side”, dice Axel Vindenes entre canciones y jueguillos de gritos con el público. Se trata de una fiesta bastante dorky, pero fiesta a fin de cuentas. Entre el toque tropical que aportan los bongós de Lars Helmik Raaheim-Olsen, los ridículos pasos de baile de Axel y la cara compungida de su hermano Pål cuando se hace cargo exclusivamente de las vocales, uno piensa que Kakkmaddafakka es algo muy parecido a como si alguien agarrara a los tipos chistosos —pero chistosos chidos, no los que caen mal— de todos los salones en los que has estado en tu vida, los pusiera en una misma habitación para hacer una fiesta borrachos de vodka y el resultado lo metieran en una licuadora con esa sensación de libertad que solo se puede alcanzar cuando estás bailando en la regadera. Sírvase la mezcla bien fría.

KAKK-IRdL8

La cosa alcanza niveles inverosímiles durante Heidelberg, un instrumental en que apuestan por sonar tan fuerte que parece que el foro se va desbaratar mientras Sebastian Emin abandona el teclado y mejor se pone a correr por todo el escenario con una enorme bandera con el nombre de la banda mientras Axel sigue echando su bailecito sabrosón.

We want to celebrate life the best way. It’s like making love, but with music. Is important, is important, is important”, comenta Axel antes de dar inicio a Never friends, con la que la parte sentimental de la noche queda inaugurada. Hay una pareja tratando de bailar abrazada, pero chocan con los güeyes a su alrededor. Siguen piezas como Boy y Your girl antes de concluir el set principal con Restless.

Es más que evidente que el show no ha terminado, pero el foro explota en gritos cuando regresan a escena para darnos el bien merecido encore, el cual se vuelve una cura bien chida cuando Lars se encarga de liderar a la banda a través de un cover de Believe, de Cher. Nunca imaginé que un día iba a estar coreando “Do you believe in life after love?” en vivo. La vida está llena de sorpresas.

La noche cierra con la que no podía faltar: “Forever Alone”, liderada por Pål en las vocales mientras su hermano y Stian Sævig forman un corazón con sus brazos. El público se la sabe completa, por supuesto. Hay momentos en que el micro de Vindenes se ahoga entre la gente clamando “Feels like my love for you is stopping you from being you”. La verdad es que estar mal nunca se sintió tan bien.

KAKK-IRdL1

About Omar Castañeda

CEO & Publisher. Escribo sobre música desde finales de la década de los noventa. Desde 2013 dirijo Sin Documentos MX y coordino el contenido editorial de la revista. Twitter: @OmCastan

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Captcha numérico * Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.