Godspeed You! Black Emperor: una historia sin palabras, solo música

Las texturas sonoras de GY!BE abrazaron GDL. Crédito: Lucía Ges / vagabundamx

Primero es el silencio. En la audiencia la mayor parte de los asistentes está muda. Vyctoria terminó su set hace media hora y hay uno que otro que sigue con la sangre caliente y no puede contener los aullidos. No falta quien de inmediato reprende con un “Shhh”. Es noche de ruido, pero no nos corresponde a nosotros hacerlo esta vez. Hoy toca escucharlo, sumergirse en él, dejarse arrastrar y la mayor parte del público por fortuna comprende esto.

Vyctoria se encargó de echar a andar la maquinaria en C3. Crédito: Lucía Ges / vagabundamx

Vyctoria se encargó de echar a andar la maquinaria en C3. Crédito: Lucía Ges / vagabundamx

Las luces del C3 están apagadas. La música de fondo ha desaparecido. Esperamos. Un loop de reverberación aparece de la nada, lentamente, y se extiende durante un par de minutos. Los miembros de Goodspeed You! Black Emperor entran al escenario de uno en uno, cada cual hace su aparición en el momento en que les corresponde integrarse a la música; forman un círculo a partir del cual las texturas comienzan a brotar en una lenta pero continua pendiente. Frente a nosotros, Hope Drone comienza a tomar forma. La primera palabra que da título a la apertura de la velada también aparece, borrosa, distorsionada en las proyecciones detrás de la banda. Es una palabra que, de alguna manera, flotará en el foro durante la noche a pesar de nunca ser pronunciada. El resto es algo que escapa a una descripción apropiada.

La segunda ley de la termodinámica dicta el aumento de entropía en los fenómenos físicos en circunstancias determinadas. Una forma de comprender la entropía es el aumento irreversible de desorden a lo largo de un proceso. El desorden es la mezcla de dos o más elementos diferenciados entrando en contacto, combinándose unos con otros, mezclándose, volviéndose uno de manera irrevocable hasta entrar en un estado de equilibrio. Algo similar hace la música de GY!BE a lo largo de sus composiciones. Las aportaciones de cada músico comienzan lento, claramente diferenciadas y conforme pasan los segundos y la intensidad aumenta, crean un mar en donde todo está entretejido, mezclado, forman homogéneas olas acústicas que se derraman por toda la sala.

La mayor parte del setlist se conforma de su más reciente álbum en su totalidad. Las cuatro piezas que conforman Luciferian Towers ocupan la parte central de la noche. A pesar de no estar en el mismo orden que en la versión de estudio, los canadienses entretejen cada una de las composiciones de tal forma que es difícil distinguir cuando termina una y comienza la siguiente. Un segundo estás perdido en los panoramas de rascacielos destruidos de Bosses Hang y sin darte cuenta hace un buen rato que terminó Fam/Famine y estás sumergido en la oscura tranquilidad de Anthem for No State. Durante toda la noche apenas si hay un par de pausas. No hay una sola interacción con el público, salvo quizá algún breve gesto de agradecimiento en forma de un movimiento de cabeza, de alzar la bebida en alguna pausa, pero nada más. No se trata de ellos, se trata de lo que crean y lanzan a través de los amplificadores. Fieles a su espíritu de colectivo, los miembros de la banda tocan en círculo sin otorgarle a nadie el protagonismo del escenario.

GY!BE siempre se caracteriza por su postura hermética ante el mundo exterior y un fuerte mensaje político. Consiguen transmitir esto en sus presentaciones a través de una narrativa que se construye con la mezcla entra las proyecciones en el fondo del escenario y la atmósfera en que estas quedan envueltas por la música. Cuentan una historia sin personajes ni diálogos, más bien enfocada a las sensaciones. A través de los proyectores observamos paisajes urbanos desolados, corredores de bolsa luchando encarnizadamente por los números en las marquesinas de la Bolsa, tormentas eléctricas, gente golpeándose durante manifestaciones, tomas opacas de la naturaleza. Durante toda su carrera, este colectivo ha sido pregonero de los peligros del mundo moderno y es mediante esta combinación audiovisual que transmiten su mensaje. Se trata de una especie de advertencia sin palabras, más una transmisión directa de la desconfianza, el miedo, la furia, una invitación sonora a la rebelión.

Las únicas palabras que se escuchan desde el escenario son las grabaciones de la falsa entrevista durante BBF3, la encargada de cerrar la noche. El rojo y azul de sirenas policiales tiñe las imágenes de los proyectores. Cuando la intensidad aumenta, vemos imágenes de manifestaciones: grupos guerrilleros corriendo por las calles, civiles tomados de las manos soportando ataques con mangueras de agua. La música se alza en la violencia con un toque de dulzura. La noche abrió con la palabra Hope en las pantallas y aquí vuelve en forma de alusión, asomándose por las grietas entre las imágenes y el sonido. Pareciera que la banda hubiera dedicado la noche a mostrarnos lo que temen, lo que los enfurece, lo que quieren advertir y buscaran concluir haciendo notar que, al final, no lo creen todo perdido.

La música baja de nivel hasta volver a que queda solo de ella un eco que se repite constantemente. Como llegaron, GY!BE abandona de uno en uno el escenario, el cual se queda vacío, con un aullido eléctrico resonando como un fantasma. No termina como empezó, con el silencio, sino con el aplauso del público.

About Omar Castañeda

CEO & Publisher. Escribo sobre música desde finales de la década de los noventa. Desde 2013 dirijo Sin Documentos MX y coordino el contenido editorial de la revista. Twitter: @OmCastan

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