Fiesta doble en el Corona Capital

El líder de Foo Fighters coronó la noche del sábado con fuertes dosis de rock. Crédito: Lulú Urdapilleta / OCESA.
El líder de Foo Fighters coronó la noche del sábado con fuertes dosis de rock. Crédito: Lulú Urdapilleta / OCESA.

El primer día del Corona Capital estuvo orientado con fuerza a las guitarras. Llegamos al autódromo apenas para ver la segunda mitad del setlist de Circa Waves, quienes en el escenario principal ya tenían al público haciendo calentamiento de cara al resto del día. Kieran Shudall, vocalista de la banda, hace un gran trabajo interactuando con el público sin dejarse intimidar por la audiencia. Es difícil tocar en un festival en sus primeras horas, cuando la mayor parte del público por lo general está interesada en otros aspectos del festival o simplemente está apartando lugar para escuchar a alguien más. Sin embargo, estos batos se ganan a la audiencia cuando interpretan Fire that burns y T-shirt weather.

Circa Waves se ganó al público que madrugó con "Fire that burns". Crédito: Lulú Urdapilleta.

Circa Waves se ganó al público que madrugó con “Fire that burns”. Crédito: Lulú Urdapilleta.

Luego nos fuimos al otro lado del autódromo a ver qué onda con Daughter y su propuesta mezcla de folk indie con uno que otro toque de shoegaze. La voz de Elena Tonra es una gran sorpresa en vivo, pasando de la más sensible en fragilidad a una potencia dulce como un subibaja. Temáticamente apuestan por una experiencia intimista, como se evidencia en la balada Candles con pasajes como:

Elena Tonra, vocalista de Daughter, como en un subibaja de emociones. Crédito: Raúl Kigra / OCESA.

Elena Tonra, vocalista de Daughter, como en un subibaja de emociones. Crédito: Raúl Kigra / OCESA.

“You’re too old to be so shy, he says to me so I stay the night / Just a young heart confusing my mind”.

Una canción de una extraña tristeza en la que Tonra parece encogerse sobre sí misma ante el micrófono antes de ponerse más bailables con No care, la pieza más explosiva del set. Youth y Smother cierran la presentación con un toque de melancolía.

Apenas terminan, nos cambiamos de escenario para alcanzar algo de Angel Olsen. No haber visto este set completo es la primera gran lástima del día. Su estilo de country mantiene muchos rasgos de la vieja escuela —como se hace patente en los atuendos de gringos sureños que usa su banda— aunque con un sabor actualizado que casi parece blues en estado duro y puro por ratos. La voz de Olsen es una de las mejores del día y lo demuestra en Not gonna kill you, que además alcanza un clímax tremendo en su sección final con una intensidad que es mucho más notoria en vivo que en su versión de estudio.

Angel Olsen, una de las mejores voces del primer día de Corona Capital. Crédito: César Vicuña / OCESA.

Angel Olsen, una de las mejores voces del primer día de Corona Capital. Crédito: César Vicuña / OCESA.

Aunque si de intensidad se trata, Mogwai se lleva el título por mucho. Mogwai, Mogwai. No tengo palabras para describir su show como se lo merecen. Fue una experiencia sonora y visual increíble. Estos escoceses te llevan de la mano por un páramo que comienza leve, bajito, calmado, tranqui, todo bien y cuando menos piensas te están reventando los tímpanos en una tormenta de distorsión. Cuando no te están sacudiendo con un ritmo oscuro pero bailable, te están entregando una atmósfera elegante pero distópica que te hace sentir como si caminaras con estilo por un escenario cyberpunk. Para cuando ha terminado de sonar su última nota, te retumban los oídos. Probablemente perdiste un poquito de capacidad auditiva, pero no te importa.

Es entonces cuando se presenta la primera decisión difícil de la noche: Metronomy o Japandroids. Al final nos vamos por estos últimos. Este dúo canadiense es desmadre puro y duro. Son herederos de la vertiente más clásica del rock y se nota que les encanta. Además, es evidente que se trata de dos amigos que se divierten de lo lindo en el escenario y ese entusiasmo se lo transmiten al público durante todo su set. Que su banda sea tan solo una guitarra y una batería en un festival lleno de actos más complejos les da un toque low-fi muy chingón. Desafortunadamente, ni el guitarrista Brian King ni el baterista Davis Prowse son cantantes particularmente hábiles y eso se nota mucho más en vivo que en sus álbumes. Las más de las veces, estas deficiencias juegan a su favor y contribuyen a su imagen de güeyes valemadres tocando rocanrol, pero en otras ocasiones llegan a sonar más amateurs de lo que uno querría, como en ciertas partes North East South West.

Los canadienses Japandroids en escena. Crédito: Lulú Urdapilleta / OCESA.

Los canadienses Japandroids en escena. Crédito: Lulú Urdapilleta / OCESA.

Luego le toca el turno a PJ Harvey. El de ella es el show más teatral de la noche. Polly Jean entra al ritmo del saxofón que ha adoptado últimamente en detrimento de la guitarra acompañada de su banda en fila como soldaditos de plomo. Muy ad hoc a las temáticas hacia las que ha orientado su más reciente trabajo. A Harvey le interesa más el presente que revivir viejas glorias, como lo muestra con un setlist cargado de temas de Hope Six Demolition Project y Let England Shake, sus dos últimos —y bastante políticos— álbumes. Las piezas de Hope Six suenan mucho mejor en vivo que en sus versiones grabadas, beneficiadas de la energía que John Parish y compañía les inyectan sobre el escenario. Ya sea concentrada en el micrófono o encargándose de los metales, PJ se muestra como una presencia mística que gobierna sobre su público. En la sección final de su presentación nos regala los clásicos: se pone pesada por unos minutos en 50ft Queenie, oscura con Down by the water y etérea con To bring you my love. Luego sale del escenario marchando en fila, tal como apareció. Gracias por existir, Polly Jean.

La segunda lástima de la noche fue perderse a Cage the Elephant, pero, bueno, no se puede tener todo en la vida. A estas alturas el Autódromo estaba lleno a reventar de gente y tuvimos que atravesar su concierto para llegar a The XX. Matt Schultz estaba descamisado surfeando sobre el público, así que seguro estuvo chingón.

La banda de Romy, Oliver y Jamie arriba al escenario con el intro de su primer álbum e inmediatamente nos regalan Crystalised y Say something loving. Oliver se pasea por ahí agitando su bajo de esa manera tan característica mientras Romy complace a la audiencia con su voz. Todo mundo estalla en un aplauso cuando muestra una bandera LGBTTIQ. Más adelante viene una combinación de Dangerous con I dare you.

El público aclama a Romy y ella simplemente se ruboriza y explica que no sabe qué decir. Oliver se acerca y le da un beso en la frente. Otra muestra de una banda que está unida por algo que va más allá de tocar música. Mi momento favorito del set es cuando Romy interpreta Performance ella sola. La canción se siente acogedora e íntima. El mayor encanto del trabajo de The XX es la autenticidad tan personal que le imprimen a sus canciones y es muy satisfactorio ver que saben hacer lo mismo en sus presentaciones. Tristemente, tuvimos que dejarlos después de A violent noise si queríamos alcanzar el set completo de Foo Fighters. La lástima más grande de todo el festival fue no estar ahí para escuchar VCR y On hold.

Foo Fighters abrió la recta final de la noche con Let there be rock, en honor a Malcolm Young, cuya muerte aconteció ese mismo día. Una imagen gigantesca del guitarrista de AC/DC engalanó la pantalla principal del escenario mientras Dave Grohl y compañía hacían lo suyo. La cosa se puso intensa de inmediato con All my life, Learn to fly y The pretender, clásicos que fueron seguidas por The sky is a neighborhood, de su último álbum. Foo Fighters siempre sale a sus espectáculos en vivo con actitud de más es mejor, tal como lo dejaron en claro hace cuatro años en un par de memorables presentaciones de casi tres horas en el Foro Sol. En esta ocasión se notaron un poco más contenidos, principalmente por la cuestión del tiempo. Porque, sí, dos horas de show a Foo Fighters les quedan cortas. Uno de sus mejores aspectos en vivo es que una rola de tres minutos la pueden volver de diez, entre fiestas de solos, cambios de ritmo, fragmentos de otros temas y Grohl jugando con el público. El setlist estuvo bien escogido de su amplio catálogo: My hero, These days, Walk, Times like these, entre otros; además de covers de Queen, Ramones, etc. Desde hace años Foo Fighters no le tiene miedo a rendirle homenaje a sus influencias. La noche cerró con las que quizá son sus dos cortes más icónicos: Best of you y Everlong. Dos canciones que quizá todo mundo ha escuchado ya miles de veces, pero que en vivo adquieren una potencia magnificada. El autódromo explota en líneas:

Dave Grohl y compañía cerraron una noche de rock and roll. Crédito: Lulú Urdapilleta / OCESA.

Dave Grohl y compañía cerraron una noche de rock and roll. Crédito: Lulú Urdapilleta / OCESA.

And I wonder when I sing along with you / If everything could ever feel this real forever

Grohl simplemente no puede permitir que un concierto suyo sea menos que épico. Los Foo se van del escenario por todo lo alto y es hora de ir a buscar un tamal para empezar a reunir fuerzas para el día siguiente.

Al fondo, Malcolm Young atestigua una noche de rock en su honor. Crédito: Lulú Urdapilleta.

Al fondo, Malcolm Young atestigua una noche de rock en su honor. Crédito: Lulú Urdapilleta.

Día 2.

El domingo la cosa estuvo más pensada para aquellos que traían ganas de bailar. Y sí, el bailongo comenzó luego luego con Dua Lipa, que nos puso todos a cantar desde temprano las canciones de su álbum debut. Hotter than hell y Blow your mind (Mwah) fueron una chulada, sobre todo la segunda. A pesar de tener apenas un par de años sonando por ahí y un solo disco bajo el brazo, Lipa ya cuenta con una sólida base de seguidores, como se notó por la enorme de gente que coreaba Lost in your light. “I have a question for you”, nos dice, “Who in here has been heartbroken before? Put your middle fingers up in the air!” Y comienzan los primeros acordes de IDGAF —una de sus mejores canciones— entre un mar de dedos medios dirigidos a centenares de exparejas y ella agitándose de un lado a otro del escenario. El set cierra con New rules y es todavía más bailable de lo que suena en la radio. Esta morra es una pro, de seguir así, su nombre va a ir apareciendo en letras cada vez más grandes en los festivales de los próximos años.

La británica supo echarse a la bolsa al público vespertino. Crédito: Raúl Kigra / OCESA.

La británica supo echarse a la bolsa al público vespertino. Crédito: Raúl Kigra / OCESA.

De ahí nos cambiamos de escenario para ver a The Drums. A pesar de ser temprano, ya había mucha más gente en el autódromo que el día anterior, bailando los alegres ritmos post-punk de temas como Blood under my belt y Let’s go surfing mientras Jonathan Pierce, vocalista y último miembro original de la banda, se sacudía en el escenario con un estilo muy parecido al de Morrisey. Los tuvimos que dejar temprano para ver a Cold War Kids e ir apartando lugar para Alt-J.

The Drums, la banda que se convirtió en el proyecto personal de John Pierce. Crédito: Lulú Urdapilleta / OCESA.

The Drums, la banda que se convirtió en el proyecto personal de John Pierce. Crédito: Lulú Urdapilleta / OCESA.

Los Niños de la Guerra Fría tenían nueve años sin venir a México y no dejaban de mencionar lo encantados que estaban de haber vuelto. Le dieron un toque más melódico a la noche con temas como Can We Hang On? o Hospital Beds. El piano y la voz de Nathan Willet les da un sonido bastante pegajoso que los hace muy disfrutables. Cierran su participación con Something is not right with me y nos dejan listos para Alt-J.

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Cold War Kids regresaron a México después de nueve años de ausencia. Crédito: Raúl Kigra / OCESA.

Con dolor de espalda por esperar durante una hora a que los ingleses salieran al escenario, pero cuando lo hicieron lo hicieron con todo, abriendo con 3WW y Something Good. Estos sujetos son expertos en crear atmósferas, como se nota en sus beats lentos y el espectáculo visual que llevaban, con bloques de luz blanca que se movía al ritmo de las percusiones. Cuando llega el momento de dejarse llevar por In cold blood la cosa ya está que arde. Nada más resultó medio frustrante que de tantos que habíamos no se podía bailar a gusto. La cosa sigue sabrosa y aunque fue una noche fría, a todos se nos olvidó cuando llegó Breezeblocks, con la que los del triangulito se despidieron.

Las canciones del álbum "Relaxer" cobraron vida en México. Crédito: Raúl Kigra / OCESA.

Las canciones del álbum “Relaxer” cobraron vida en México. Crédito: Raúl Kigra / OCESA.

A estas alturas ya solo quedaban los actos principales de la noche y los escenarios estaban atascadísimos. Nos lanzamos a Phoenix, que ya estaban como a la tercera rola del set y nos costó muchísimo colarnos a un lugar donde más o menos se pudiera ver bien. A pesar de que el sonido no llegaba muy claro hasta donde estábamos, alcanzamos a disfrutar de Lovelife y Long distance call. El espectáculo que traían se veía muy cabrón y no queda más que imaginar que más cerca de escenario el sonido era envolvente. Donde estábamos, sin embargo, era irregular de a ratos. La voz de Thomas Mars de repente se perdía entre los sintetizadores y a veces resaltaba de más. Habría sido mucho mejor de haber sido más estable el sonido.

Los franceses presentaron su álbum "Ti Amo" en Corona Capital. Crédito: Lulú Urdapilleta / OCESA.

Los franceses presentaron su álbum “Ti Amo” en Corona Capital. Crédito: Lulú Urdapilleta / OCESA.

Para esas alturas, Green Day ya había comenzado su show en el escenario principal y sus rasgueos de guitarra se mezclaban con los sintetizadores de los franceses haciendo una mezcla medio rara. Nos rendimos y no fuimos a verlos, de todas formas ya los estábamos escuchando más que a Phoenix.

Para ser honesto, no tenía ninguna expectativa de Green Day. De haber resultado las cosas diferentes en el otro escenario, probablemente no me habría acercado a ellos. Y es por eso que resultaron toda una sorpresa. Tal vez los días en que Billie Joe Armstrong y compañía eran más relevantes ya están muy en el pasado, pero aún son capaces de montar un concierto de calidad por casi tres horas. Cuando llegamos estaban en los últimos segundos de Boulevard of broken dreams y comenzando Longview. El público estaba vuelto loco. A nuestro lado había un moshpit en que andaban brincoteando cabezas con calvas incipientes revueltas con caras que claramente aún no podían comprar cerveza de forma legal. Una fiesta intergeneracional. En algún momento alguien se cae y se hace un desmadre de tropiezos y güeyes rodando por el suelo. Algunos se levantan y parece que alguien se va a pelear; unos segundos después, todos están abrazados y carcajeándose. De eso se trata la música, carajo. Hay muchas opiniones negativas sobre esta banda, pero algo de valor deben de tener aún para propiciar esta clase de escenas en sus espectáculos.

Los años en el punk rock no le pasan factura a Billie Joe. Crédito: Lulú Urdapilleta / OCESA.

Los años en el punk rock no le pasan factura a Billie Joe. Crédito: Lulú Urdapilleta / OCESA.

Arriba, Armstrong hace de todo: invita a una fan a tocar Knowledge con ellos y al final hasta le regala la guitarra que usó. Le mienta la madre a Trump. Afirma que no puede esperar a que las mujeres tomen el control del mundo. Corre de acá para allá sin mostrar ningún signo de cansancio. El escenario tira papelitos, fuego, chispas. La banda no le baja de nivel ni por un segundo de la casi treintena de rolas que se aventaron y la gente se aloca con American Idiot y Jesus of Suburbia. Un hombre de unos cincuenta años detrás de mí se las sabe completas y se está desmadrando la garganta. El festival cierra con Billie Joe a solas con una guitarra acústica para tocar 21 Guns y Good Ridance.

La gente abandona el Autódromo Hermanos Rodríguez. La gente corea trozos de Hey Jude y del intro de Dragon Ball Z. Grupos de desconocidos intercambian bromas. Nos vamos contentos luego de dos días de fiesta. A ver qué nos traen para el próximo año.

About Omar Castañeda

CEO & Publisher. Escribo sobre música desde finales de la década de los noventa. Desde 2013 dirijo Sin Documentos MX y coordino el contenido editorial de la revista. Twitter: @OmCastan

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