En ‘Violética’, Nacho Vegas explora sus dos caras musicales

El cantautor asturiano durante un concierto en Guadalajara. Crédito: Orlando López.

Han pasado tres años desde la última vez que escuchamos un trabajo de Nacho Vegas. Fue en 2015 cuando el de Gijón lanzó Canciones Populistas, un corta duración que llegó justo después de Resituación en 2014, LP que venía a dejar en claro que a Vegas lo que le interesaba en ese entonces era una mayor inmersión en el panorama político español desde una perspectiva de izquierda. No es de extrañar que esto alienara a más de un miembro de su audiencia. Desde hacía más de una década, la gente que seguía a Nacho Vegas lo hacía porque se había enamorado de la figura de compositor maldito que el español se forjó con sus primeros trabajos. Mediante un imaginario de personajes patéticos incapaces de escapar a su destino, crímenes, relaciones sentimentales tormentosas y mucho alcohol y drogas, Nacho Vegas era la opción de cabecera cuando uno necesita música para sumirse en la melancolía. “Música para cortarse las venas” podría ser el género en el que Vegas se hizo de su fama. Y no es para menos. El tipo sabía cómo tirarte al fondo del hoyo con una canción. Pero no se puede ser eternamente miserable —o eso esperamos— y en algún momento, Vegas puso su lírica al servicio de sus convicciones políticas, pintando una corrosiva España sumida en la crisis y poblada de personajes que saltaban de dramas personales a ser actores en tragedias a nivel social.

Con Violética, Nacho Vegas concilia estas dos facetas de su carrera en un ambicioso álbum doble con 18 cortes como no veíamos desde Cajas de Música Difíciles de Parar (2003). La amplitud del disco le da a Vegas campo para hacer y deshacer a pierna suelta con géneros, experimentos, colaboraciones mientras regresa triunfalmente a su lado más intimista sin dejar de lado sus intereses políticos. La combinación funciona la mayor parte del tiempo gracias al truco lírico de que Vegas se permite combinar estas facetas en composiciones que pueden leerse ya sea desde el plano personal o el social. Vegas canta de tragedias, decepciones y dolores que bien pueden acontecer en la intimidad de una habitación o en las calles de una nación entera.

El álbum comienza tranquilamente con El corazón helado, una balada folk con toques flamencos de temática antifascista que de inmediato abre el camino a la que fuera la primera rola que sirvió como muestra del álbum: Ser árbol. Vegas aquí muestra una madurez con respecto a la temática romántica que nunca había dejado ver en su discografía, con una reflexión sobre el paso de los años y los cambios a través de estos en una relación. Es cuando llegamos a Bajo el puente de L’Ará que nos reencontramos con el Vegas de antaño al contarnos una historia noir sobre un asesinato en medio de calles oscuras, peleas callejeras, persecuciones y personajes desagradables como sacados de un cuento de Roberto Arlt.

Es entonces cuando el disco da un giro de 180 grados con la completamente inesperada Todos contra el cielo. Una oscura pero sabrosa cumbia de protesta que supone la canción estilísticamente más arriesgada de toda la trayectoria del español. “Va ganando el mal, lo siento pero gana el mal”, nos advierte mientras (y esto es algo que nunca pensé que diría de un disco de él) té contagia las ganas de bailar. Lo deja a uno con ganas de que el próximo disco de Nacho sea uno colaborativo con Celso Piña.

La ricura del acordeón desaparece por completo y encontramos una balada melancólica en Desborde, una de las canciones con el toque más clásico de Vegas y que podría formar parte sin problema de El Manifiesto Desastre (2008). Con esta canción, el español regresa triunfalmente a casa haciendo lo que mejor sabe hacer: canciones que hacen que te quieras tirar de un puente; sin embargo, esto solo es un preludio, pues a continuación llega lo mejor que Violética tiene para ofrecer: Las palabras mágicas. Tremenda. Desoladora. Vulnerable. Nacho rememora el dolor de un amor perdido antes de imaginar un reencuentro apocalíptico en medio de una guerra. Le canta a la muerte del amor, a los horrores bélicos, a la inclinación de autodestrucción de la naturaleza humana. Una joya que se va allá, a la cima con las mejores composiciones de su repertorio.

A estas alturas uno se está acercando al final de la primera mitad del álbum. Crímenes cantados se pone un poco más eléctrica. La tendencia es presentar escenas de injusticias que son narradas como pequeñas tragedias humanas. Esto permite que Vegas realice las mejores composiciones sociales de esta nueva etapa de su carrera. En sus trabajos anteriores, caía en una literalidad que hacía que sus canciones perdieran esa magia de antaño a favor de una protesta directa y sencilla. En Violética, recuerda que es mejor mostrar que decir. Le da espacio a la historia para que implique sus consecuencias al escucha en lugar de gritárselos a la cara. El resultado son canciones que recuperan esa visceralidad, esas narrativas tristes que se quedaban grabadas en la memoria. La voz tomada y Todo o nada, el dúo encargado de cerrar la primera mitad, son otro par de ejemplos de esto.

La segunda mitad inicia encabronada con Maldigo del alto cielo, canción original de Violeta Parra es memorable porque Christina Rosevinge hace su aparición en el disco. A estas alturas, uno ya ha escuchado lo mejor que Violética tiene para ofrecer. Un ejemplo de discreción es una pieza un tanto más juguetona que suena como si hubiera salido de Actos Inexplicables (2001), por lo que supone un grato regreso a las raíces. Ideología fue otro sencillo que supone una radiografía de los tiempos modernos.

La última atrocidad es la joya de esta segunda mitad gracias a la colaboración de Cristina Martínez supone un ácido diálogo con Vegas donde éste le pide que regrese con ella, solo para escuchar sus deliciosos desaires. “Y si yo fuera el último hombre en la Tierra / ¿Querrías repoblar conmigo este planeta?” le pregunta Vegas, a lo que ella responde “Y si llevamos, tesoro, juntos más cinco otoños / Y aún no aprendiste ni a comerme bien el coño”. Magnífico.

Tras un último momento de melancolía en Los sabios idiotas, Violética se desinfla un poco tras cerrar con rolas como Aida, un cántico comunista en homenaje de Aida Lafuente —figura icónica del comunismo en Asturias— que visita todos los lugares comunes de esta clase de canciones. A ver la ballena toca el tema ecológico pero no cumple satisfactoriamente con su misión de ponerle cierre al largo recorrido que supone el álbum. De cualquier manera, el disco sirve para que Vegas regrese a casa al volver a hacer música personal sin abandonar sus convicciones políticas. Combina ambos intereses con éxito la mayoría de las veces, aunque la larga duración del álbum y los repentinos cambios temáticos y estilísticos hacen que no sea un trabajo muy cohesivo en su conjunto que en más de una ocasión cae desinflado ante su largo aliento.

Calificación:

8.0/10

About Javier Armendáriz

Exiliado de Chihuahua. Lic. en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Aún no supera a Nirvana.
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