Ceremonia 2018, el festival que nos heló el corazón

Beck, el músico que se permite sobre el escenario un collage de rap, psicodelia, folk, funk y country. Fotos: Luis Aviles.

Este 7 de abril nos knockearon por sorpresa el orgullo queer, los ritmitos versátiles ambientados por un sol calcinante en el día y frío incisivo en la noche, y cientos de baños cagados. La sexta edición de este festival celebrado en la dignísima ciudad de Toluca se engalanó con la presencia de headliners como Beck, St. Vincent, King Krule y Bomba Estéreo para demostrarnos que este año sí clavaron bien los toldos. (Gracias, Tláloc).

A eso de las 2 pm arribamos al Foro Pegaso emocionados por hacer una fila de aproximadamente una hora bajo el sol sofocante de la tierra del chorizo verde y las quinceañeras tristes. La explanada aún lucía vacía, como una fiesta cuyos globos guardan su entusiasmo para al rato. Mientras tanto, amenizamos el tiempo con algunas bebidas refrescantes.

Alrededor de las 4 pm ya se empezaba a formar el tumulto en el escenario Ceremonia, con la presencia de Andrés Jaime aka Wet Baes y todo su squad, listos para despegar en trajes de astronauta hacia un planeta de electropop con la paleta cromática de Drive.

Una de las presentaciones que más me tomó por sorpresa, debo admitir, fue la de Cuco. Como a las 5 pm empezaron a salir varios tipos con pinta impecable de chicanos stylish, “¿cuál es Cuco?”, le dije a mi compa. “No es ninguno de ellos… Cuco es un morrito meco”; y cuando salió lo corroboré… sí era un morrito meco con un pantalón guango y camiseta guanga debajo de una camisa de Malboros, corro guango y lentes. “Wey, este vato nos representa a todos los perdedores, de seguro también le sudan las manos”, dijo. Este perdedor, cool entre los patéticos interpretó canciones como Lo que siento, Lover is a day y One and only.

Crédito: César Oria.

Mientras tanto, lejos de la isla de electro-rap chicano, la gente estaba suspendida en sillitas voladoras y ruedas de la fortuna. En la carpa electrónica de Camp Roswell sonaba el beat suave de Lophille; y en el escenario Corona, Broke Kids.

Cuando los colombianos Bomba Estéreo subieron al escenario se prendió la fiesta caribeña. Lili salió ataviada con flores amarillas en la cabeza del mismo tono que su abrigo para llenar el Ceremonia de sabor tropical al sonido de To my love, Soy yo, y el bello himno a la tórrida cursilería Somos dos. No tardó en cambiar el mood al final de su presentación, cuando nos estalló la tacha psicotrópica con La cumbia psicodélica.

Crédito: Ernesto Pareja.

Después del tremendo pachangón caribeño de Bomba Estéreo, yo ya estaba temblorosa nomás de pensar que iba a ver en primera fila al dios del punkjazz hiphopero King Krule (y de bloquear el sentimiento de mi vejiga casi estallando, “de aquí ya no me muevo aunque me tenga que hacer en un vasito”, pensé). La verdad toda esta faramalla de viajar en camión ida y vuelta hasta el magnánimo Foro Pegaso fue en gran parte para escuchar a este pelirrojito gritar y lanzar notas asincopadas.

Crédito: César Oria

Luego de veinte minutos de espera, una tela de estampado que simulaba algo así como piel de vaca cubrió la pantalla digital. Muchachitos con pinta inglesa postpunk empezaron a situarse en el escenario. Uno de ellos amarró un globo de Hello Kitty a uno de los instrumentos. Los acordes kingkruleanos ya empezaban a sonar.

Cuando subió al fin el rey Krule, el griterío sonó al máximo. “Weeeeeeey, no puedo creer que esto esté pasando”, le dije a mi compa (sí, así de Kingkrulieber me puse).

La presentación de King Krule fue un salto al vacío. Sus tonos desgarradores fueron la voz de Caronte guiándonos por un río frío y lúgubre lleno de zombies.

He’s mashed, I’m mashed, we’re mashed. That cat got slashed in half like that. As venus completes orbit, I’m feeling slightly mashed. The stir fry didn’t absorb it, I need another slash.

No hace falta mencionar que todos nos volvimos locos de escuchar en vivo la sexy voz de don Archy Ivan Marshall aka Zoo Kid. “¡Te amo, Archy!”, sonaba a varios metros a la redonda. Y es que ese sonido tan trashy que emerge de la ultratumba donde se resguarda este blanquísimo británico de apenas 24 años, es en verdad único en la escena actual. Su género musical que en realidad no es ningún género en específico sino un collage de ritmos que se llevan bastante bien con la seducción de su saxofón, nos hizo pensar a más de uno “verga, estoy escuchando esto en este instante, y es perfecto”. Mi amiga y yo nos volteábamos a ver con cara de “qué pedo con este wey”. Total: salí de esa presentación pensando con qué foto de King Krule forraría mi próximo cuaderno.

St. Vincent trató de sanar la herida que dejó la partida de King Krule hasta que las necesidades primigenias me ganaron la batalla. Sin embargo, dejé a mi espía personal registrando el momento. Annie Clark salió emperifollada con traje color piel y botas altísimas transparentosas y su más bella joya: una guitarra de color chillante que cambió varias veces durante la noche.

Crédito: Luis Aviles.

La vista del Ceremonia nocturno era fríamente bella como la helada que de repente nos calcinó los huesos. Fui en búsqueda de un refugio que pudiera calentar mi cuerpo, y encontré otro de los momentos cumbre de mi experiencia en este festival: el escenario Traición. Este sauna de vapores profanos estaba coronado por unos performances de sexualidad irreverente y música cachonda de Linn Da Quebrada que todos celebramos con mucho baile. Maniquíes de plástico y juguetes sexuales ataviaban el domo.

Afuera, el ícono noventero Beck traía bien prendido al público con su antifolk e imágenes psicodélicas que corrían al sonido de Loser, Qué onda güero, Devils Haircut y un popurrí ochentero de Good Times / Miss You / Cars / Once in a Lifetime / In the Air Tonight. La gente gritaba y brincaba con su ritmo happy y buena onda de este güero que no balbuceaba al intimar con su público con una que otra corta anécdota. Show de primera calidad.

El Güero californiano se divirtió en el Foro Pegaso. Crédito: Luis Aviles.

Mientras caminaba a la salida del Foro Pegaso cubriéndome del frío con mi outfit veraniego y lamentándome de que no vendieran mercancía de King Krule mientras me despedía de las luces y banderas gay, sonreí para mis adentros… Ceremonia 2018, más que una fila de una hora y cientos de baños cagados, fue una isla vacacional de felicidad a su punto máximo, con música y chorizo verde tradicional. Qué más se le puede pedir a la vida.

About Mónica Hernández

Soy licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara, escribo sobre cosas que me gustan, como la música y eventos culturales.Me gustan los perros gordos y la poesía.
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