Caníbales llegan con ‘Rocanrol’ sin pretensiones

Así luce en 2018 la alineación de Caníbales.

El rock nació del desafío a la autoridad. A lo largo de las décadas, ese desafío ha tomado muchas y muy variadas formas, pero el espíritu parte más o menos del mismo punto. Hay quien afirma que el rock está muerto y de cierta forma tiene razón, si es que uno piensa en la estética y discurso que quedó arraigado con el género en los ochenta. Ya saben: chamarras de cuero, mujeres voluptuosas con alas de ángel y cuernos de diablo, billar, motocicletas, bares sucios, cigarrillos y muchos, muchos tarros de cerveza que repiquetean de fondo entre riffs salidos del infierno. Mucho del rock de hoy en día está alejado de todo este imaginario. Nunca murió, solo se transmutó para reaccionar a nuevos contextos. Nada de malo con eso. No obstante, todavía quedan quienes defienden las maneras de la vieja escuela. Caníbales pertenecen a esta estirpe.

El más reciente EP de esta banda tapatía deja en claro de qué se trata todo el asunto: Rocanrol sin pretensiones. Es una producción que toda ella grita “Déjate de estupideces, conéctate y toca duro”. En cada uno de sus cinco cortes, este corta duración invoca a los viejos espíritus del rock y los trae de paseo un rato para reventar los amplis con rasgueos de guitarra del hard más clásico aunque hay por aquí y por allá uno que otro instante que remiten al stoner mientras las vocales remiten a las mismas imágenes de las que grandes bandas como Motörhead, Guns N’ Roses o AC/DC ya nos han contado sus épicas historias: carreteras que no llevan a ningún lugar, vidas sin rumbo, pactos con el diablo y odas a una vida breve pero intensa. “Vendí mi alma por una canción / Voy a vivir para el rocanrol / Quiero morir como mis ídolos”, canta Jesús Caníbal en Ídolos y deja claro que a él y al resto de Caníbales lo único que les importa es que la música suene fuerte.

Electricidad es una oda a esas noches de música donde la gente se vuelve loca arrastrada por la energía de una buena banda en vivo, lo mismo que El ombligo del diablo, que narra las delicias de ir a un bar con los amigos a beber cerveza, escuchar música y perderse en el desmadre. Ven aquí es pura lujuria rocker. Carretera, como su nombre lo indica, apela a la infalible analogía de salir a perderse en el cemento en un auto en busca de lo que sea y de nada al mismo tiempo.

Rocanrol no ofrece nada nuevo al género pero, para ser justos, nunca se lo propone. No se trata de otra cosa más que de mantener vivo ese rock de la vieja guardia que cada vez parece estar más olvidado. Guardianes del rocanrol puro y duro, Caníbales saben cómo manufacturarlo. El resto es palabrería.

Calificación

7.0/10

About Javier Armendáriz

Exiliado de Chihuahua. Lic. en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Aún no supera a Nirvana.
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