Bob Moses, breves como un suspiro, elegantes como un martini

Los canadienses, el pasado fin de semana en el corazón de la colonia Americana. Crédito: Ignacio Robles de Loza.

Antes de que el dúo canadiense saliera a complacer al público tapatío, Ave Paradiso fue el encargado de preparar el terreno. Se trata de un dúo tapatío con un propuesta colorida y buena onda que no necesitaron mucho instrumentalmente hablando para crear un ambiente tornasol en el foro. La propuesta de estos tipos, con su frontman que tiene un look muy a la Hendrix, son básicamente una bomba veraniega de hormonas a punto de explotar, con esas rolas medio funkies y sexies que sirvieron a la gente como buena bailada de precalentamiento.

Ave Paradiso, encargados de inaugurar la noche en la visita del dúo canadiense. Crédito: Ignacio Robles de Loza.

Bob Moses apareció en el escenario poco después y, sin más preámbulos, se lanzaron con Heaven only knows. Desde esta primera rola, extraída de su más reciente -y bastante efectivo- disco de estudio Battle Lines, el dúo dejó en claro que se trata de una banda que en vivo tiene una presencia mucho más impactante que en su versión de estudio. Las rolas que tocaron en la noche por lo general se ven complementadas con una sección rítmica que dotan de mucho más solidez a su música. Esta es una banda cuyo sello es que habitan una zona límite entre la electrónica y el rock, y esa característica quedó patente con ambas vertientes de su sonido amplificadas.

Nothing but you fue un ejemplo de la cara más electrónica de la agrupación, la cual se transformó en un himno pop en la cual el baterista de la banda desmadró su kit.

A pesar de que en cuanto a sonido dieron un sonido impecable, hay algo en la actitud de Tom Howie, vocalista y guitarrista, que no termina de cuajar en el escenario. Es como si no encontrara del todo la actitud que quiere transmitir. Sus movimientos son estáticos cuando trata de bailar y hace gesticulaciones que se quedan a medio camino entre la frialdad y el aburrimiento cuando toca, como tratando de dar una imagen de vato cool desinteresado que no se corresponde del todo con lo que está tocando. No obstante, dio su mejor en Enough to belive, la cual tocaron en una versión más minimalista y despojada de guitarras donde Howie pudo centrarse en las vocales y mejorar su interpretación a nivel corporal al estar del todo entregado al micrófono.

Tom Howie, al frente del dúo canadiense en la noche del C3. Crédito: Ignacio Robles de Loza.

Nada que ver con el resto de su banda, sobre todo Jimmy Vallance, tecladista, quien se nota que se la pasa del todo bien en el escenario. Cabecea cuando está aporreando las teclas, baila detrás de su instrumento cuando no tiene nada que hacer y se acerca con el público, siempre con una sonrisa de oreja a oreja medio ñoña que deja claro que está encantado de su música y quiere que tú lo estés también. Algunos de los mejores momentos de la noche estuvieron impulsados por su participación tan cercana con el público.

Jimmy Vallance, a cargo de las teclas de Bob Moses. Crédito: Ignacio Robles de Loza.

La presentación continuó centrada en su material más reciente, con temas como Eye for an eye o Selling me sympathy. La primera fue una montaña de sonido que se coció a fuego lento y que se transformó en su momento más pesado, con todos los instrumentos transformándose en mamantiales de beats en su sección final.

A pesar de que cumplieron en casi todos los aspectos, la verdad es que fue un set que se antojó corto (apenas algo así como una hora) y en el que algunos cortes se antojaron, paradojicamente, demasiado largos. A pesar de que la banda se beneficia mucho de los cambios que incorpora a las versiones en vivo y que permiten que la rola respire y agarre más vida, a veces les falla, sobre todo en momentos donde solo le apuestan a un beat simple pero repetitivo durante minutos que, a la larga, hace que uno pierda el interés.

El set concluyó con un encore donde la banda volvió a su material más añejo con Grace, la cual cerró la noche en una nota mucho más orientada al beat. Con todo y todo, fue una presentación que hizo lo que queríamos hacer con esta música: dejarse llevar por ritmos minimalistas para bailar en la noche a un ritmo elegante como un martini.

About Javier Armendáriz

Exiliado de Chihuahua. Lic. en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Aún no supera a Nirvana.
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