Ariel Pink, emisario de la baja fidelidad en Guadalajara

Ariel Marcus Rosemberg durante su primera actuación en Guadalajara. Crédito: Diego Guillén.

Qué pedo con esto.

Eso fue lo que pensé apenas unos minutos después de que, apenas pasadas las diez de la noche, Ariel Pink saliera al escenario del C3 Stage ante un público que lo que no tuvo de concurrido lo compensó con entusiasmo. Una pregunta justificada para cualquier neófito como yo que hubiera terminado esa noche en el foro de avenida Vallarta por una de esos extraños que a veces da la vida.

Es precisamente un giro extraño la mejor manera que se me viene a la cabeza para describir lo que ofrece el proyecto que Ariel Marcus Rosemberg ha estado desarrollando desde la década de los noventa y el cual visitó nuestra ciudad por primera ocasión el pasado 15 de febrero. Inmediatamente comienza una vorágine de teclados que bailotean en una zona limítrofe entre el post-punk, el lounge, la psicodelia y uno que otro momento con matices circenses como se nota en Nighttime is great!, canción que se encargó de hacer la apertura a este maratón que durante un par de horas apenas y conocería una que otra pausa. Más adelante nos ponemos un poco más melosos con Another weekend y Lipstick.

El sonido sucio y comprimido de una grabación casera es uno de los sellos de Ariel Pink y es por eso que durante el primer puñado de canciones justifico el extraño dolor en la parte interior de mi oído y lo indistinguible del trabajo vocal. No es sino hasta una de las pocas pausas que la banda hizo en toda la noche y Rosemberg pide un volumen un poco más bajo que la música se vuelve mucho más nítida y disfrutable. Aunque eso no pareció importarle mucho al público, que a gritos y aplausos consumió el sonido de los amplis en más de una ocasión.

A pesar de ser una banda con seis integrantes, el peso del espectáculo es repartido entre Rosemberg, líder indiscutible del proyecto y Don Guilles, quien tiene su pequeño rinconcito en la Historia como baterista original de The Germs y quien aquí funge como segundo vocal. Es a este par a quien uno no puede quitarles los ojos de encima. El primero anda de acá para acá con una camisa azul de ¿chaquiras? con diseño vaquero que lo hacen ver como una especie de cowboy región 4 que acaba de tener una sobredosis: el cabello húmedo cayendo sobre su rostro haciendo muecas y escupiendo alaridos sobre el micro, las caderas agitándose torpemente, el labial plateado desparramado sobre sus labios y mejillas. El segundo, flaco y pálido como un cadáver exhumado retorciendo extremidades y sonrisas como si estuviera teniendo una embolia de euforia. Ver a los dos revolver sus voces en el escenario, pasando de melodías a chiflidos y maullidos es una cosa digna de verse. Es como una película de los Coen pero sin el presupuesto.

A lo largo del bastante amplio setlist de la noche aparecen cortes como Feels like Heaven, A tomb all your own o el cover a Baby & Joe Emerson Baby, donde el romance lo-fi llega a su cúspide. Hacia su sección final, apuesta por un sonido más tranquilo e intimista.

Luego de Do yourself a favor, la banda se retira del escenario solo para regresar unos minutos después y regalarnos un rato más de encore donde la música regresa al estilo desenfrenado con que inició el set. La actitud playera de Bright Lit Blue Skies y las sensaciones oníricas directamente extraídas de los ochenta que constituyen a Round and Round cierran una noche donde se transpiró el encanto de la serie B.

About Omar Castañeda

CEO & Publisher. Escribo sobre música desde finales de la década de los noventa. Desde 2013 dirijo Sin Documentos MX y coordino el contenido editorial de la plataforma.
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