A Place to Bury Strangers muestra en ‘Pinned’ los placeres y peligros del confort

Crédito: Ebru Yildiz.

Uno sabe exactamente qué es lo que debe esperar de A Place to Bury Strangers. Una espesa niebla de reverberación eléctrica de principio a fin de cualquiera de sus placas siempre haciéndole reverencia al post-punk de los ochenta. ¿Quieres un sonido violento donde las guitarras suenen como sierras oxidadas? ¿Tus orejas te piden caos y violencia acústica? APTBS tiene lo que necesitas. Pinned, su más reciente disco de larga duración, provee exactamente eso. Y es precisamente ahí donde residen sus puntos fuertes y flaquezas.

Prácticamente cada una de las pistas presentes en el álbum ofrecen una actitud que los neoyorquinos conocen a la perfección: una línea de bajo sencilla que guía al escucha por un amenazante sendero donde las guitarras aparecen de entre las sombras, filosas y amenazantes como un asesino a la caza hasta el momento en que saltan al frente y blanden su navaja en las narices del escucha con un estruendo. No es difícil imaginar muchos de estos sonidos marcando el paso a alguna toma nocturna de alguna carretera desolada que culmina en un bar de mala muerte en alguna película de David Lynch. Y esa es una estética a la que es difícil hacerle el feo; pero también corre el no pequeño peligro de volverse un cliché cuando no es manejado en manos que tengan algo fresco para ofrecer. Y ese es exactamente el problema: Pinned es como ver la misma película por chirrionésima ocasión: conoces cada diálogo, cada escena, cada fotograma. Y hay cierta dulzura en el confort, pero no mucho más allá de eso.

Eso no evita que el álbum tenga momentos disfrutables de forma genuina. Never coming back es una eficiente apertura del conjunto que seguro es un placer tener en los audífonos mientras se camina por alguna escena nocturna. La adición de vocales femeninas gracias a la incorporación de Lia Braswell en la batería permite añadir un elemento de novedad al sonido marca de la casa.

Por otro lado, al tratarse de un disco de noise, no se puede esperar otra cosa que eso, ruido de principio a fin, lo que provoca que sus mejores momentos se logren cuando la banda se toma un respiro y utiliza también los vacíos y las ausencias —eso sí, siempre breves, contados y nunca absolutos— como una herramienta. Situations changes y sobre todo Was it electric son ejemplos de ello.

El resto del conjunto es lo que cabría esperar: capas y capas de sonido, una enorme cantidad de cosas sucediendo al mismo tiempo, caos sonoro envolviendo una sección rítmica que golpetea de forma constante como una máquina. Desafortunadamente, esta marea constante de distorsión no deja espacio para un momento de verdad memorable, por el contrario, en su mayoría se siente producto de una fórmula. Más desafortunado resulta el que se trate de una que se remonta a hace más de tres décadas y que ha sido mucho mejor ejecutada. El arsenal de APTBS es poderoso y uno no puede dejar de pensar que de verdad sería interesante verlos volverse locos y de verdad desenterrar un monstruo hecho de reverberación que le deje a uno con las rodillas temblorosas. Los ingredientes están ahí, pero no se explotan. ¿El resultado? Un disco que apelará a quien tenga ganas de escuchar un poco de caos pero que quedará en el olvido apenas termine su reproducción.

Calificación:
6.0 / 10

About Omar Castañeda

CEO & Publisher. Escribo sobre música desde finales de la década de los noventa. Desde 2013 dirijo Sin Documentos MX y coordino el contenido editorial de la revista. Twitter: @OmCastan

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Captcha numérico * Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.